Scaloni, el alumno perfecto de Menotti, Bilardo y Basile: la chance de superarlos con Argentina en el Mundial 2026

ESPN.com

Lionel Scaloni llegó a la dirección técnica de la Selección Argentina sin ningún tipo de clamor popular ni expectativa, mucho menos consenso. Fue un tiro al aire, el único entrenador que había permanecido en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) tras la angustiante experiencia de Jorge Sampaoli y su equipo de trabajo. Nadie podía describir cómo jugaban sus equipos o siquiera emitir opinión sobre su filosofía futbolística, pues su experiencia previa era nula.

Ocho años después, de cara al Mundial 2026, la historia es completamente distinta. No solo cortó una sequía de 28 años sin festejos con la Copa América 2021, sino que construyó una dinastía a nivel internacional, que tuvo como mayor conquista el último Mundial 2022, en Qatar. Este logro ya pone al nacido en Pujato por encima de grandes técnicos que pasaron por la Albiceleste, como Alfio Basile y José Néstor Pékerman, y en un pedestal que comparte con los otros campeones del mundo, César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo.

Ciertamente es inoportuno ignorar el gigantesco impacto que tuvieron los antecesores a Scaloni para construir los cimientos que hoy tienen a la selección en lo más alto del fútbol mundial. Pero también es necesario reconocer que el actual seleccionador ha sido capaz de tomar lo mejor de ellos para canalizarlo en el dominio que ejerce hoy en día, y que ahora tiene la posibilidad de culminar con un hito inédito en el fútbol internacional: encadenar dos títulos continentales y dos títulos mundiales.

Menotti: La Selección por sobre todo

Independientemente del eterno debate futbolístico que lo enfrenta con Bilardo y todavía reina sobre el fútbol argentino, el impacto de Menotti va mucho más allá de una cuestión filosófica. Previo a su llegada, la selección venía cargando con un potencial a explotar en base a su dominio continental, pero que por distintos motivos nunca lo demostraba en el mayor de los escenarios, donde incluso se habían sucedido algunos episodios bochornosos.

El punto máximo de ese período de incertidumbre se dio en 1974, en un Mundial al que Argentina viajó con un triunvirato en el cargo que jamás pudo coordinar y quedó expuesta por equipos de primer nivel como Polonia, Brasil y en particular Países Bajos. Menotti llegó tras esa Copa del Mundo con el aval del histórico título obtenido con Huracán en el año anterior y con la misión de por fin poner en valor a la selección, para lo cual tuvo que brindar un esquema de organización transversal inédito, luchar contra los clubes, generar vínculos con los jugadores y convencerlos de una idea que reivindique las características del futbolista argentino por sobre todo. El resultado es el conocido: la construcción de un equipo formidable que se bordó su primera estrella como local.

Cuando le tocó a Scaloni ocupar el mismo rol se enfrentó a un desafío que ciertamente no tenía la misma magnitud, pero contaba con algunas reminiscencias. Rusia 2018 también había terminado en un marco de escándalo, acefalía y pérdida de rumbo en muchos aspectos. Jugadores que no respetaban la autoridad de un entrenador que tampoco demostraba certeza sobre lo que quería llevar a cabo y los clubes, de nuevo, queriendo imponer sus intereses por sobre los de la selección. Tener al Flaco ya trabajando en la AFA para entonces contribuyó a que la solución fuera similar: fomentar un sentido de pertenencia con el equipo y el país a partir de un estilo de juego y perfiles de futbolistas que, de nuevo, recuerden a lo mejor que el fútbol argentino tuvo para ofrecer.

Bilardo: La obsesión por el trabajo

El proyecto del primer entrenador argentino campeón del mundo se extendió hasta España 1982, cuando se llegó a la conclusión de que, en ese momento, algo más era necesario para sostener el nivel competitivo con las potencias. Carlos Bilardo llegó como una antítesis absoluta de su predecesor: cuando antes se imponía un mismo estilo de juego independientemente del rival enfrente, el Narigón impulsó un modo de trabajo mucho más exhaustivo, enfocado en un estudio milimétrico de cada área en la que pueda superar al rival, tanto dentro como fuera de la cancha.

Una vez más, su impacto va mucho más allá de la cancha. El ex-DT de Estudiantes y Colombia fue un auténtico pionero en prácticas que hoy son indispensables en cualquier cuerpo técnico, como el scouting y el análisis de video. E imprimió unos estándares físicos y competitivos estelares, que quedaron demostrados cuando no le tembló el pulso para dejar de lado protagonistas que parecían inamovibles si observaba que dichos estándares no se cumplían.

Bilardo quizá sea, entre los grandes nombres asociados a la Albiceleste, el seleccionador que menos características aparentes comparta con Scaloni a simple vista. Pero el aspecto táctico también puede ser uno de los apartados más infravalorados que tiene el pujatense en su arsenal. El momento donde más evidenciado quedó esto posiblemente haya sido el cruce ante Países Bajos, en los cuartos de final de la anterior Copa del Mundo, cuando dispuso de un dibujo que no había usado antes, compuesto de una línea de 3 centrales y carrileros (característico del propio Narigón), que espejó el esquema de su contrincante, el legendario Louis van Gaal, y neutralizó el peligro que generaba la Oranje por las bandas.

Basile: La conformación ideal del grupo

Al término del notable paso del Doctor por la selección, con dos finales mundialistas al hilo bajo el brazo, su sucesor tenía enfrente la tarea titánica de llevar a cabo una renovación mayúscula, cuando muchos de los campeones de 1986, con nada menos que Diego Armando Maradona a la cabeza, debieron ser relevados. Alfio Basile asumió ese desafío con perfiles que no estaban en el radar, y el resultado fue un período de éxito notable, con la obtención de las Copas América de 1991 y 1993, la Copa Confederaciones de 1992 y la Copa Artemio Franchi, actual Finalissima, en la reincorporación del Pelusa.

Si este proceso resulta familiar, no es por accidente: Scaloni hizo un trabajo muy parecido al momento de arribar a la Albiceleste en 2018. Luego de la debacle en Rusia, Lionel Messi se tomó un impasse más extenso aún que su "retiro" prematuro dos años antes, y en ese período el nuevo seleccionador se encargó de realizar una profunda y esperada reestructuración en el equipo. Para cuando el número 10 se reincorporó en marzo de 2019, la mayoría de sus laderos históricos, como Sergio Romero, Javier Mascherano, Marcos Rojo, Lucas Biglia y Gonzalo Higuaín, ya habían salido de la configuración, pero con los años generó una nueva y fructífera conexión con nuevos intérpretes, en particular Rodrigo de Paul, Leandro Paredes y Giovani Lo Celso, sus mayores socios en la cancha.

Scaloni y la ilusión de repetir en el Mundial 2026

Más allá de los paralelismos en el fruto de su trabajo, el santafesino tiene en el Coco a su perfil más parecido en cuanto a su estilo como entrenador. Sus conocimientos tácticos no deben ser subestimados, pero sus mayores valores están en su manejo de grupo, la unión de sus jugadores más talentosos y la libertad que les otorga para tomar decisiones por sí mismos en el campo de juego sin resignar compromiso. Un gran ejemplo de eso se vio en 2019, cuando abandonó su intención inicial de jugar un fútbol más agresivo porque los perfiles de sus intérpretes favorecían un estilo de mayor control y dominio de la pelota.

También encontraron un consenso en la idea de combinar en la cancha a múltiples futbolistas con experiencia jugando de número 10 en sus carreras: si Basile logró que convivieran Messi, Pablo Aimar, Juan Sebastián Verón y Juan Román Riquelme en su segundo ciclo, Scaloni haría lo propio con Paredes, De Paul, Lo Celso, Papu Gómez y el propio Messi de nuevo, con Alexis Mac Allister y Enzo Fernández también incorporándose a esa estadística con el tiempo.

De este modo, el actual técnico fue construyendo su proyecto a partir de un aprendizaje constante y consciente de lo mejor que le fueron legando sus predecesores. El resultado está a la vista, y si consigue consagrarse una vez más en Estados Unidos, México y Canadá podría lograr un hito que no consiguió ni Menotti, ni Bilardo, ni Basile, ni ningún otro seleccionador de cualquier país del mundo. Pero sin el aporte de ellos, este presente tampoco sería posible.