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Magic Johnson, un ejemplo de superación

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Magic Johnson, un ejemplo de superación (1:40)

El deporte tiene muchas historias de atletas que lograron metas que parecían inalcanzables. Si se busca una en el básquet, allí está la de Earvin Magic Johnson. (1:40)

El deporte tiene muchas historias de atletas que lograron metas que parecían inalcanzables. Si se busca una en el básquet, allí está la de Earvin Magic Johnson. En 1991, cuando le detectaron VIH, se conocían muy pocos casos de deportistas que lo hubieran contraído y ninguno que hubiera seguido compitiendo al más alto nivel. Magic, quien ya era considerado uno de los mejores basquetbolistas de la historia y tenía cinco anillos de campeón e innumerables logros individuales, decidió no rendirse. Y seguir adelante en busca del trofeo que le faltaba: un año después lo consiguió, al consagrarse campeón olímpico en Barcelona.

Fue un gigante de 2,06 metros y 115 kilos, pero con la agilidad y los movimientos de alguien mucho más bajo y liviano. Magic Johnson era capaz de improvisar en el aire y de sacar un conejo de la galera en cada jugada: de hacer magia, como lo dice su apodo.

Siempre como base de Los Angeles Lakers, en doce años fue campeón de la NBA en cinco oportunidades, tres veces jugador más valioso de la temporada y otras tres de las finales. También fue el único novato que llegó a MVP de una final, en 1980. Tuvo duelos legendarios también con Larry Bird, primero en el básquet universitario y después en las cuatro finales que enfrentaron a Lakers y Celtics entre 1984 y 1987.

¿Johnson o Jordan, quién es el mejor?, se preguntaba el ambiente basquetbolístico. Entre 1987 y 1991 se habían repartido los premios al mejor del año: tres para Magic y dos para Michael. Entonces llegó aquel análisis clínico de rutina, para sacar un seguro de vida, en el que le detectaron VIH. En un mundo todavía poco acostumbrado a convivir con el virus, el diagnóstico sonó como un golpe de knock out. Johnson anunció su retiro en una conferencia de prensa televisada para todo el país y poco después, la creación de la Fundación Magic Johnson de lucha contra el VIH. La asombrosa respuesta de la gente a aquella conferencia, a través de donaciones y cartas de apoyo, fue lo que lo llevó a iniciar ese camino.

Claro que el básquet no estaba dispuesto a dejarlo solo ni a perderse su talento. Aunque no jugó durante la temporada 1991-92, el público lo votó para el Juego de las Estrellas. Y tras superar la renuencia –comprensible en aquellos tiempos‒ de algunos colegas temerosos de participar de un partido junto a un jugador infectado, venció los miedos ajenos y propios y sumó otro galardón a su currículum al ser elegido MVP de ese encuentro que su equipo, el del Oeste, le ganó al del Este por 153 a 113.

Las autoridades de la NBA también escucharon el clamor popular y Johnson estuvo en el primer Dream Team, el mejor de todos, que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona aplastando a cada uno de sus rivales.

A partir de entonces, salvo por un fugaz regreso con los Lakers en 1995, sus esfuerzos estuvieron centrados en la Fundación, que no paró de crecer. Hoy, además de prevenir y concientizar sobre VIH y sida, lleva adelante un programa de becas que les da financiamiento, tutorías y pasantías a estudiantes provenientes de minorías. Bajo el lema de “educar, unir y empoderar”, Magic ya no hace magia en las canchas sino que busca transformar realidades. Su campo de juego es el mundo.