ES EL PRIMER jugador en salir de la casa club. Los reporteros mexicanos no están preparados y charlan entre ellos detrás de la barrera metálica. Voltean la cabeza tras el sonido de la puerta abriéndose, y se lanzan por sus micrófonos. Por poco y se cae una cámara.
Javier Hernández es de baja estatura y delgado. A sus 28 años, su cuerpo parece apenas haber dejado atrás la infancia. Sin embargo, vestido con pantalón y chaqueta deportivos negros y sin adornos, exude carisma como los boxeadores exuden sudor. Mientras avanza a grandes pasos por la zona mixta abajo del BC Place de Vancouver, alguien lo llama por su apodo: "¡Chicharito! ¡Oye, Chicharito!" Hernández es el futbolista mexicano más conocido del mundo, tal vez, el mexicano más conocido. Ahora, media hora después de que su gol y asistencia llevaran a su equipo a la victoria 3-0 en el partido de clasificación mundialista contra Canadá, el país entero espera escuchar lo que el Chicharito tiene que decir. Pero justo como estuvo un paso por delante de los defensas canadienses esta noche, es demasiado rápido para los reporteros. "No hablo", les dice. Antes de que puedan encender las grabadoras, desaparece en la oscuridad de la noche de marzo.
No hace mucho, varios de los mismos reporteros lo describieron como acabado e irrelevante. Hernández había abandonado a las Chivas, el club de futbol mexicano más famoso, para jugar con el Manchester United. Y, cuando el club solicitó que no jugara en los Juegos Olímpicos del 2012, los seguidores de la selección nacional mexicana se sintieron abandonados. En el 2014, luego de que no iniciara ni un solo juego de la Copa Mundial ("Será útil cuando lo necesitemos", dijo el técnico Miguel Herrera con desdeño, cuyo equipo apenas había calificado a Brasil), los medios supusieron que el Chicharito estaba recibiendo lo que se merecía.
No obstante, ahora está anotando goles a diestra y siniestra, y México se ha enamorado de él nuevamente. Y lo ha logrado en un club de un pequeño suburbio industrial del valle del Rin. Si este parece un lugar poco probable para que un célebre jugador resucite su carrera, es preciso comprender que no ocurrió por casualidad. Para encontrarse a sí mismo, el Chicharito sabía que primero debía perderse.
COMO FUTBOLISTA
Cada vez que el delantero toca la pelota, tiene como objetivo anotar. Eso no significa que el Chicharito no pasará la pelota si representa una mejor opción; sus pases pueden ser excelentes. Pero siempre son la segunda opción. Cuando él dice "Amo este deporte", con ello quiere decir que le encanta anotar goles. Tiene la arrogancia natural de un goleador, la certeza de que si le entregan la pelota encontrará un modo de vencer al portero. "No tiene miedo a buscar las oportunidades", dice Doneil Henry, quien juega en la defensa del West Ham y la selección de futbol canadiense. "Si falla mil veces, aprovechará la mil uno y anotará. Y lo disfrutará". Y vaya que hace goles: 28 con las Chivas, 59 con el Manchester United y ahora 26 en Alemania. "Puede fabricar un gol de la nada", dice Juan Mata, antiguo compañero de equipo en el Manchester United. "Tiene esa cualidad. Sus movimientos son extraordinarios". Una vez que la pelota está en el fondo de la red, Hernández corre alrededor del campo con los brazos extendidos. Parece un niño imitando un avión. "Vive para eso", dijo Campos.
Cuarenta y tres de sus goles han sido con el combinado de México, muchos de ellos dramáticos (el The New York Times describió uno de ellos como un gol "tipo Jordan") y tres durante una Copa Mundial. Sin embargo, su relación con la selección y el país ha sido complicada.
Los ídolos deportivos en México parecen haber sido esculpidos con el mismo molde. Al igual que Hugo Sánchez y Campos –probablemente los futbolistas mexicanos más populares entre los simpatizantes del equipo– todos surgieron del anonimato de la pobreza extrema para obtener la fortuna y la fama. Ese es el arquetipo nacional, el equivalente mexicano del típico niño estadounidense. No es el caso de Hernández.
Originario de Guadalajara, el futbol vive en su torrente sanguíneo. Su abuelo, Tomás Balcázar, anotó contra Francia en la Copa Mundial 1954. Su padre era conocido como el Chícharo por sus ojos penetrantes. El Chícharo jugó con tres clubes mexicanos, principalmente en Tecos, y fue convocado en 28 ocasiones a la selección nacional. El apodo y las expectativas que lo acompañaron fueron transmitidas al hijo, como sucede con las familias de toreros.
Mucho tiempo después de que comenzara su carrera, el Chicharito languidecía en las reservas de las Chivas. En lugar de perseverar, hacía pucheros. En un momento dado, estuvo cerca de abandonarlo todo. En el 2009, justo después de que cumplió 21 años, finalmente se convirtió en titular. Y una vez que empezó a anotar goles, no dejó de hacerlo.
Ahí fue cuando Marco Garcés lo descubrió. Garcés, directivo en el futbol mexicano, obtuvo un título como científico del futbol en Liverpool y estableció contactos con la comunidad inglesa de futbol. Cuando regresó a casa en el 2009, descubrió a un delantero desconocido que estaba dejando en ridículo a los principales defensas en México. Se puso en contacto con Jim Lawlor, scout en jefe del Manchester United, y le pidió que viniera a ver a la estrella en ciernes. Lawlor viajó a México y se quedó casi dos meses.
En el contrato que Chivas negoció se estableció que el Manchester United jugaría un partido en Guadalajara para inaugurar el nuevo estadio del club. Así que, a finales del verano, luego de anotar dos goles con México en su primera Copa Mundial, el Chicharito jugó la primera mitad del partido de exhibición con las Chivas y, la segunda, vistiendo la camiseta nueva del United. No fue una sorpresa que muchos seguidores de las Chivas se sintieran traicionados. Incluso antes de marcharse, ya estaba ausente.
El Manchester United ganó la Premier League en dos de los primeros tres años del Chicharito en Inglaterra. Convirtió 20 goles en el 2010-11 y otros 18 en el 2012-13. "Goles muy importantes", dice Mata. Sin embargo, cuando el club pidió que no jugara en los Olímpicos del 2012 para permanecer fresco para la siguiente temporada, Hernández le pidió al Manchester si podía en cambio perderse dos de los partidos de clasificación mundialista de México. Estaba convencido de que con su ayuda, podían ganar el oro olímpico. "Pensé que lo decía en broma", escribió después el director técnico del United, Alex Ferguson. Ferguson no le concedió el permiso. México ganó el oro sin él.
En retrospectiva, ese fue el momento en el que comenzaron los verdaderos problemas.
CUANDO Hernández partió hacia Inglaterra, tenía un solo año como titular en las Chivas. A pesar de su linaje, era un intruso en su propio país. "Desde el momento que se marchó al Man U", dijo Garcés, ahora director deportivo del club mexicano Pachuca, "ha habido un intenso debate en México sobre si es suficientemente bueno. Mientras se desarrolla dicha discusión, ha anotado casi cien goles en Europa".
Pero después de que Ferguson se retirara en el 2013, su sucesor apoyó a otros delanteros. El Chicharito inició solo seis juegos de liga en el 2013-14. Para el verano de 2014, los críticos dijeron que ya había olvidado como meter goles. Cuando Herrera decidió dejarlo en la banca durante los juegos de la Copa Mundial, el técnico fue felicitado por su prudencia. En total, el Chicharito jugó menos de 90 minutos en el torneo completo. Después de que saltó a la cancha en el minuto 74 contra Croacia, marcó un gol de cabeza, y comenzó a llorar inmediatamente en la cancha. "Este año.... no muchas personas han confiado en mí", comentó posteriormente.
Ese verano, el Manchester United cedió a Hernández al Real Madrid, con el fin de que acumulara minutos de juego, que es como cambiarse a Beverly Hills cuando no te alcanza para vivir en Palm Beach. Como era de esperarse, se consumió bajo las sombras de Cristiano Ronaldo, Karim Benzema y Gareth Bale, y después describió la temporada como "tremendamente frustrante". Cuando terminó el periodo de cesión, el nuevo director técnico del United, Louis van Gaal, le informó amablemente que tenía un "uno por ciento de posibilidades" de jugar en lugar de Wayne Rooney. "No me querían", dijo Hernández después. "Así de simple. No querían mis servicios".
Decidido a demostrar que van Gaal y Herrera estaban equivocados, Hernández buscó un equipo que le diera una oportunidad.
No fue difícil. El West Ham, Tottenham Hotspur, Juventus y AC Milan, entre muchos otros, expresaron su interés. Pero un club insistió más que los demás.
TANTO SIMBÓLICAMENTE COMO literalmente (en la forma del letrero iluminado más grande del mundo), Bayer AG, la empresa farmacéutica valuada en $90 mil millones, domina el horizonte de Leverkusen. "Una ciudad-empresa" es como Michael Schade, antiguo directivo de Bayer que ahora dirige al club, la describe.
Bayer inventó la aspirina y la heroína, hazañas que probablemente se anulen mutuamente. Desde hace más de un siglo, forma equipos en diversos deportes para que sus empleados se mantengan en forma. Como empleador, estaba muy adelantado a su tiempo. Sin embargo, a pesar de su reputación como un equipo de empresa, Bayer obtiene del club de futbol un ingreso suplementario de aproximadamente 25 millones de euros. "¿El rumor de que tenemos la chequera abierta? Lo puedo disipar", dijo Schade sin una sonrisa. El equipo se alimenta de un flujo continuo de jugadores jóvenes, luego los vende a clubes más grandes y encuentra nuevos. "Cuando se marchan", dice Schade, "recibo tanto dinero que puedo comenzar el círculo de nuevo".
Un delantero veterano que había jugado para los clubes más importantes a nivel mundial, difícilmente encajaba en el patrón tradicional. "Por lo general, no es posible para el Leverkusen conseguir un jugador como ese", admitió Jonas Boldt, director deportivo del club. Pero después de la temporada pasada, el grupo de cerebros (formado por Schade, Boldt, la exestrella de la Copa Mundial Rudi Voller, y el director técnico, Roger Schmidt) se reunieron para hablar sobre la necesidad de encontrar a alguien que sacara provecho a las oportunidades de gol desaprovechadas. "Necesitamos un rematador", dijo Boldt. Y al Leverkusen, el equipo más joven de la Bundesliga y la Champions League, le faltaba madurez.
Boldt introdujo requisitos en una base de datos, entre ellos edad y experiencia, porcentaje de tiros convertidos en gol, tiros por minuto y una docena de otras estadísticas importantes, en un intento por encontrar el máximo goleador por la suma de las partes que lo componen. La computadora arrojó un solo nombre.
"Decidimos ir tras él", dijo Boldt.
Todo el verano, el Chicharito escuchó la oferta del Leverkusen. El club no se lo dijo a nadie, porque estaba predispuesto a fracasar en su intento. "Roger Schmidt y yo lo teníamos en mente, pero como algo muy especial, como un sueño", dice Boldt. "Fichamos a otros jugadores, pero cada vez Roger me decía, 'No olvides traer al Chicharito'".
Hernández deseaba sentirse querido. "Desde el momento en el que terminó el periodo de cesión, comenzaron a preguntar por mí", dice. Y el Leverkusen necesitaba un delantero, lo cual era importante después de dos temporadas en la banca. En agosto del año pasado, el Leverkusen venció 3-0 al Lazio para calificar a la fase de grupos de la Champions League por tercera temporada consecutiva. El Chicharito deseaba demostrar que podía jugar en el máximo escenario, y esta era la noticia que estaba esperando escuchar.
Leverkusen era un destino improbable. Ubicada en el suburbio industrial de Colonia, es conocida como un "club de plástico", sin autenticidad; un club, como alguien dijo en una ocasión, hecho con una impresora 3-D. Es difícil imaginar una cultura futbolística, y no podía estar más lejos de lo que Hernández había conocido en las Chivas, el Manchester United y el Real Madrid.
Pero para Hernández, eso era parte del atractivo. Desde niño, había vestido únicamente los uniformes de los equipos con cuyos países estaba obsesionado. Se había rodeado de fans que desmenuzaban cada centro y remate de cabeza fallado. Esta era la oportunidad de jugar en la Champions League sin el peso de un público nacional sobre sus angostos hombros.
EN UNA ESPLÉNDIDA tarde de mayo en el valle del Rin, el césped de los campos de entrenamiento afuera del BayArena refleja la luz del sol. Poco después del almuerzo, el Chicharito, completamente uniformado, sale de la extensa casa club (con cámara hipobárica y una cámara de refrigeración de temperaturas ultrabajas tan moderna que Kobe Bryant viajó para conocerla) y se dirige a una sesión fotográfica. En menos de una temporada completa en Alemania, incluso sin hablar el idioma, se ha convertido en la cara del club. El Leverkusen es, sin duda, el único equipo de la Bundesliga que vende sombreros como souvenir. Hernández ha sido nombrado el jugador más popular del futbol alemán. La razón es muy sencilla. "Manda la pelota al fondo de la red", dice Schmidt. Fue el mejor jugador de la Bundesliga en noviembre y después en diciembre, y nuevamente en enero. Con 17 goles de liga, prácticamente duplicó la producción de cualquiera de sus compañeros de equipo.
Todavía está por verse si jugará la próxima temporada. Los clubes más grandes, entre los que están el Liverpool, el Bayern Munich y la Juventus, están mostrando su interés nuevamente. No obstante, el Leverkusen volvió a calificar a la Champions League gracias a que terminó en el tercer puesto de la tabla de clasificación (mientras que van Gaal y el Manchester United no participarán, lo cual debe haber hurgado en la herida abierta). Les dice a sus compañeros de equipo que nunca se había sentido tan feliz. "Cuando escuché que vendría, pensé que actuaría como una estrella", indicó su compañero de equipo en el Leverkusen y seleccionado alemán, Christoph Kramer. "Pero no es así. Es como nosotros. Encaja bien aquí".
El éxito que ha logrado en Alemania no ha pasado desapercibido en México. Juan Carlos Osorio, el nuevo director técnico de la selección (su decimosegundo en la última década) no solo incluye al Chicharito en el once titular, sino que construyó la selección nacional alrededor de él. El plantel de México nunca había tenido tanto talento, y sus varias opciones en el mediocampo alimentarán de balones a Hernández, quien anotó tres veces en cinco encuentros de la selección el año pasado.
Los Juegos Olímpicos vuelven este verano.
A los fans mexicanos les hubiera gustado que Hernández ayudara a defender el oro olímpico del Tri, sin embargo, Osorio lo necesita para dirigir al club en la Copa América Centenario, en la que los principales países de América se reunirán en diversas sedes de los Estados Unidos el próximo mes. Leverkusen le pidió a Hernández que eligiera uno de los dos. Escogió la Copa.
Sabe que será blanco de críticas por no participar en los Juegos Olímpicos otra vez, especialmente si México no defiende exitosamente la medalla de oro. Y la Copa es igual de arriesgada. Los aficionados de México, como siempre, son más fuertes que el equipo al que siguen. En los Estados Unidos, México juega prácticamente como local, así que las expectativas son altas. Una eliminación temprana podría cambiar las opiniones sobre el Chicharito nuevamente.
Por otro lado, si dirige a su país a la victoria, será anunciado como un salvador. Dichas contradicciones molestaban a Hernández desde que jugaba en las Chivas. Pero no más. Por primera vez esta temporada, gozó del afecto incondicional de un equipo y sus seguidores. Hace que las discusiones en los bares en México y en las ondas de radio sean mucho menos importantes. "Contamos con él", simplemente dice Kramer "Él cuenta con nosotros".
Cuando, a mediados de mayo, el Leverkusen viajó a Borussia Monchengladbach para jugar, los fans fueron llevados a un pequeño lugar del estadio. "Chi-cha-HHHHHWREEE-to", cantaban, sin poder pronunciar la letra r. La mayoría viste su uniforme. Lo observan enhebrar un pase entre dos defensas para una asistencia.
Hernández siempre muestra pasión, pero es asombrosa la gracia con la que juega al vestir la camiseta del Leverkusen. Jugar con la selección mexicana siempre parece ser una misión, pero en Alemania los juegos son solo partidos. Y los fans lo animan incluso cuando el Leverkusen pierde.
Sale del vestidor acompañado de varios compañeros de equipo. Alguien le habla en inglés y le pide un autógrafo para una causa especial –una organización benéfica o un joven enfermo– no está claro. Inmediatamente se detiene y firma. "Nos vemos", trina por encima del hombro. Por un instante, se detiene al final de la rampa que lleva al campo, donde lo enmarca el brillo de los rayos de sol. Al final del pasillo y del otro lado de una puerta, lo espera un autobús, pero parece no tener ninguna prisa por marcharse.
