Mauricio Pochettino, el argentino ídolo en el rival de Barcelona que dirigirá a Messi en PSG

La ciudad de Rosario y sus arrabales han sido las tierras donde el fútbol argentino mejor ha florecido desde finales del siglo XIX. El suelo y el aire de esos -digamos de forma arbitria- 200 kilómetros cuadrados al oeste del río Paraná han conformado el ecosistema perfecto para el nacimiento y el desarrollo de muchos de los representantes futbolísticos más prestigiosos de esta patria. Como antes y después lo fueron y lo serán otros, hoy dos de ellos son protagonistas centrales en el escenario mundial. Lionel Messi y Mauricio Pochettino, santafesinos criados al calor de un sol que pareciera tener el único objetivo de iluminar potreros y canchas, son los hombres del momento en París, Francia y toda Europa.

Las vidas del entrenador de PSG y de su nueva estrella comenzaron en sitios parecidos pero luego tomaron caminos bien diferentes. En la infancia, ambos cultivaron el sueño de jugar en primera división con la camiseta de Newell's Old Boys, pero solo uno lo consiguió: el oriundo de Murphy, un poblado de 3500 habitantes ubicado a menos de 100 kilómetros de Rosario. El otro, nacido a pocos minutos del Parque Independencia, se vio obligado a emigrar muy joven pero se llevó con él la tierra de los potreros rosarinos, como si fuera parte de su ADN.

La segunda gran coincidencia es que ambos comenzaron su carrera europea en la misma ciudad europea: Barcelona. El más joven a los 13 años, para iniciar un tratamiento hormonal que los clubes argentinos no estaban en condiciones de pagar; el veterano a los 22, ya con un par de títulos ganados y el reconocimiento de su país. Con siete años de diferencia entre un viaje y otro, se pararon en veredas diferentes. Espanyol fue el hogar adoptivo de Pochettino y el FC Barcelona se convirtió en el reino de Messi.

En el club catalán que vive a la sombra de la pompa culé, Poche jugó ocho temporadas y se ganó la idolatría de los hinchas. Sus cualidades de defensor duro, aguerrido y comprometido le sirvieron para recibir el cariño de la afición, mientras que su técnica, su disciplina táctica y su liderazgo le permitieron ocupar un lugar de importancia en el equipo durante toda su estadía.

A esos atributos le sumó una absoluta identificación con los colores espanyolistas, similar a la que tenía con Newell's en su patria chica. Para los hinchas de fútbol, ese amor por lo propio es casi indispensable que esté acompañado por una aversión por lo ajeno, una duplicidad que Pochettino conocía a la perfección de su vida rosarina. Entonces, fue un abanderado del "anti-barcelonismo", sobre todo durante su época como director técnico.

Tras su retiro como futbolista profesional en su segundo ciclo con la camiseta de Espanyol, previo paso por PSG y Bordeaux de Francia, comenzó la carrera de entrenador en el banco perico. En ese rol llegó a ser uno de los mejores del planeta y, como tal, varias veces se lo mencionó como posibilidad para FC Barcelona. Pero él respondió ante cada imprudente consulta al respecto: "antes de dirigir ciertos clubes, me vuelvo a mi pueblo".

En el otro extremo de la ciudad condal, mientras Pochettino crecía como técnico en Espanyol, Southampton y Tottenham, Messi se hacía ídolo, héroe, Dios del fútbol. Hablar de la trascendencia histórica de su figura para este deporte no tiene sentido, pues ya es una obviedad. El hoy número 30 de PSG es el jugador emblema de su época. Por eso, dirigirlo será uno de los grandes desafíos de la carrera de su coterráneo.

El tercer punto de contacto está relacionado con el debut oficial del astro. Fue el 16 de octubre de 2004, cuando ingresó a los 37 minutos del segundo tiempo en reemplazo del portugués Deco. Aquel histórico día, uno de los defensores rivales era Pochettino, quien años después se lamentó porque la temporada siguiente casi se hace efectiva una cesión de la joven promesa a Espanyol. Finalmente, Barcelona decidió disfrutar desde la más tierna adolescencia a su futuro rey.

El último encuentro entre ambos se da en la actualidad. "Que haya un cuerpo técnico argentino, al que conozco, fue una de las razones de mi llegada", dijo Messi en su primera conferencia de prensa como jugador de Paris Saint-Germain. El DT, por su parte, afirmó: "De mi época de mi queridísimo Espanyol, por esa rivalidad que teníamos, lo miraba a distancia. Lo que veo es que hoy está feliz, contento, con una energía increíble. Lo he visto muy maduro, al jugador que todos conocemos".

Más allá de la obvia alegría por dirigir al mejor futbolista del siglo, Pochettino sabe bien que tiene una responsabilidad y al mismo tiempo una gran presión. "Todavía no tenemos un equipo, tenemos un equipo con jugadores que brillan por sí solos y el tremendo desafío es que esos nombres jueguen como un equipo y se comporten con naturalidad, disciplina y organización", explicó. Sistemas tácticos al margen, sus equipos siempre han buscado ser protagonistas desde la posesión de balón, por lo que Messi no tendrá problemas en insertarse en esa idea. El desafío del cuerpo técnico será potenciar con una estructura a las extraordinarias individuales que tiene.

Las vidas de Messi y Pochettino empezaron en el mismo lugar, se alejaron y acercaron en más de una ocasión y hoy vuelven a encontrarse, como si el destino se hubiese empeñado en juntarlos. Ya no solo compartirán los colores negro y rojo en el corazón, ni serán rivales en un clásico de ciudad. Esta vez se unen para intentar darle gloria internacional a un club que la desconoce y que pone en sus espaldas la ilusión más grande de su historia. De los potreros de Santa Fe a las luces de París.