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El milagro de Estambul: a 15 años de la quinta Champions League de Liverpool

AP

Liverpool y Milan se enfrentaron en la final de la UEFA Champions League el 25 de mayo de 2005 en el Estadio Olímpico Atatürk. Los italianos comenzaron ganando al minuto de juego y se fueron al descanso 3-0 arriba, pero el equipo inglés reaccionó, empató el marcador en el complemento y se llevó la gloria en la tanda de penales. Aquella actuación heroica fue recordada como el milagro de Estambul porque ésta fue la ciudad que acogió el cotejo definitorio entre ambos conjuntos.

Los Reds de Rafa Benítez llegaron desde lo más profundo a la fase de grupos de la Champions League. Antes de formar parte de los 32 equipos que iban a comenzar la competencia en septiembre de 2004, el conjunto inglés tuvo que atravesar un partido clasificatorio y disputó la denominada tercera fase debido a que obtuvo el cuarto puesto en la Premier League 2003/2004. El rival de turno en esa serie fue el Grazer AK, institución proveniente de Austria. Si bien en los papeles Liverpool debía superar con comodidad a este modesto equipo, los austríacos complicaron la situación y los dirigidos por Benítez terminaron ganando la llave con un global de 2-1.

La figura de esos dos partidos que le abrieron el camino al futuro campeón europeo fue Steven Gerrard, capitán y emblema de Liverpool. El histórico número 8 Red marcó por duplicado en el encuentro de ida, disputado en Austria, para que los ingleses se llevaran el triunfo por 2-0. A pesar de ganar el segundo cotejo por 1-0 en Anfield, este resultado no le alcanzo a Grazer AK y quedó eliminado.

Con la clasificación en el bolsillo, el destino ubicaría a Liverpool en el grupo A, que estaba conformado por Mónaco, Olympiacos y Deportivo La Coruña. Luego de obtener 7 puntos sobre 15 en las primeras 5 jornadas, el equipo de Benítez obtuvo el pase a octavos de final recién en la última fecha gracias al triunfo por 3-1 sobre Olympiacos en condición de local. De esta manera, Liverpool terminó segundo en su grupo con 10 unidades y continuaba su camino en busca de ganar el título europeo tras 20 años

La situación de Milan era muy distinta a la de Liverpool. Los Rossoneros, que eran dirigidos por Carlo Ancelotti, fueron los campeones de la Serie A y habían levantado su última Orejona en 2003, dos ediciones atrás. Además, por aquel entonces, los italianos tenían un gran plantel, quizá el mejor de todo el continente en esa temporada 2004/2005. Con figuras como Dida, Gatusso, Pirlo, Maldini, Hernán Crespo, Cafú, Nesta, Pippo Inzaghi, Shevchenko y Kaká, ese equipo de Milan tenía todas las fichas para ser el rey de Europa nuevamente. El flamante campeón de la liga de Italia formó parte del grupo F con Barcelona, Shakthar Donetsk y Celtic de Escocia. Al término de las 6 jornadas, Milan finalizó como líder con 13 puntos, 3 por encima de los Blaugranas, y accedió a los octavos de final.

Una vez definidos los 16 equipos que avanzarían a la siguiente fase, Liverpool tuvo que enfrentarse a Bayer Leverkusen mientras que la suerte no le sonrió a Milan y se cruzó con Manchester United. Los Reds se deshicieron sin problemas del equipo alemán y ganaron los dos partidos de la serie por 3-1 para cerrar un global de 6-2. Los italianos, por su parte, atravesaron una llave complicada y cerrada que fue definida gracias al delantero argentino Hernán Crespo. El primer partido, jugado en Old Trafford, finalizó 1-0 en favor de Milan y la vuelta en San Siro terminó con el mismo resultado para sellar el 2-0 global. Ambas anotaciones fueron del ex River, quien fue el factor diferencial.

En cuartos de final, Liverpool chocó contra la Juventus de Del Piero, Zlatan Ibrahimovic, Buffon, Camoranesi y Pavel Nedved, ganador del Balón de Oro en el año 2003. Después de 20 años y lo que fue la tragedia de Heysel, donde fallecieron 39 personas, los ingleses e italianos volvían a verse las caras. Los Reds se impusieron 2-1 en Anfield y, tras la igualdad 0-0 en Turín, se metieron entre los cuatro mejores equipos de Europa. Del otro lado del cuadro, a Milan le tocaba medirse contra el rival de toda la vida: Inter. La serie se desenvolvió bajo un manto de tensión que terminó de explotar en el partido de vuelta. El primer cruce fue para Milan, que se impuso por 2-0 en condición de local con goles de Stam y Shevchenko. El Derby della Madonnina, como se lo conoce a este clásico, se definió el 12 de abril de 2005, aunque no iba a poder finalizar.

Los Rossoneros consiguieron el primer tanto nuevamente en los pies del ucraniano Shevchenko, quien cruzó un zurdazo violento al palo derecho de Toldo para marcar un verdadero golazo. En el complemento, Inter logró la igualdad a los 70 gracias a un cabezazo de Esteban Cambiasso, pero el juez del encuentro marcó infracción sobre Dida y anuló la anotación, decisión que desató los incidentes. Mientras el arquero de Milan trataba de patear el tiro libre que había cobrado el juez minutos antes, una lluvia de botellas comenzó a caer sobre su área. La situación empeoró cuando las botellas se transformaron en bengalas y una de ellas impactó en la cabeza de Dida.

Con el campo del San Siro cubierto de humo y los bomberos intentando apagar las bengalas, el juez decidió reanudar el partido para disputar los minutos finales. Sin embargo, esto fue imposible porque la catarata de objetos volvió a invadir el césped del estadio cuando se intentó proseguir, por lo que se decretó el final del cotejo. A raíz de esto, UEFA le otorgó el partido a Milan, pero con un resultado de 3-0 a favor. Así fue que los de Ancelotti avanzaron a semifinales y Crespo dejaba en el camino a sus compatriotas Zanetti, Verón, Kily González y Cambiasso.

Liverpool y Chelsea, dos históricos de Inglaterra, definieron a uno de los finalistas, mientras que Milan y PSV jugaron para decidir quién sería el otro equipo que iba a viajar a Estambul para definir la UEFA Champions League.

Italianos y holandeses fueron los encargados de dar inicio a las semifinales: el primer partido, en San Siro, fue triunfo de Milan por 2-0 con goles de Shevchenko y Tomasson. La vuelta iba a ser electrizante y el ganador estuvo claro recién sobre el final del encuentro. PSV sorprendió al campeón italiano y Cocu convirtió el 2-0 parcial a los 65. Con ese marcador, el global quedaba 2-2, pero aún quedaba más. Cuando se jugaba el primer minuto de adición, Ambrosini se vistió de salvador y convirtió el 2-1 que depositaba a los de Ancelotti en la final, pero en la siguiente jugada Cocu firmó su doblete para el 3-1 que dejaba todo abierto. Sin embargo, los holandeses se quedaron sin tiempo y, gracias al gol de Ambrosini, Milan pasó a la siguiente ronda por haber convertido un tanto en condición de visitante.

El choque entre ingleses fue más aburrido y táctico que lo visto entre Milan y PSV. El primer partido fue 0-0 en Stamford Bridge y la única emoción de la serie estuvo en manos de Luis García, autor del 1-0 en el partido de vuelta disputado en Anfield, resultado que metió a Liverpool en la final de la UEFA Champions League tras 20 años.

La fecha de la final ya estaba puesta e iba a ser el 25 de mayo en Estambul, ciudad de Turquía. En un estadio repleto, las emociones no tardaron en llegar. Al minuto de juego, Paolo Maldini conectó de volea un centro de Andrea Pirlo para marcar el 1-0. Ni en sus peores pesadillas Rafa Benítez y su Liverpool imaginaban lo que sucedería a continuación. En un lapso de 6 minutos, a los 39 y 44, con una excelsa definición, Hernán Crespo dijo presente en el Estadio Olímpico Atatürk y convirtió un doblete para dejar las cosas 3-0. Tres goles de diferencia en 45 minutos, tres baldazos de agua fría, tres baños de realidad para la ilusión roja de coronarse campeones. Cuando el juez decretó el fin de la primera etapa, el mundo entero creyó que había decretado el final del Liverpool, sus sueños y esperanzas de levantar La Orejona. Los aficionados Reds miraban con asombro, incrédulos, como los hinchas Rossoneros se regodeaban, se frotaban las manos y comenzaban a celebrar. Porque claro, era una diferencia irremontable. O eso creían.

La remontada, lejos de estar próxima a concretarse, comenzó a tomar forma a los 9 minutos de la segunda parte. El capitán y símbolo histórico, Steven Gerrard, apareció sólo, sin marca, dentro del área italiana y con su cabeza le dijo ‘sí’ a la pelota para desviar el centro de su compañero y colocar el 3-1. Sólo 120 segundos después, Vladimír Smicer desenfundó un derechazo feroz que Dida no pudo contener y se metió en el ángulo inferior derecho para dejar el resultado 3-2 y encender la llama de esperanza que aún yacía en el pecho de los hinchas rojos.

Así como ni en sus peores pesadillas los Reds se imaginaban el 3-0 parcial, ni en los mejores cuentos de hadas era posible igualar esa diferencia en siete minutos. De la pesadilla al sueño hecho realidad, Liverpool se encontró con un penal a los 60 del complemento: Gerrard se coló en el área y Gatusso lo derribó. Manuel González señaló el punto penal y Xabi Alonso fue quien se hizo cargo de patear esa pelota que, en ese momento, pesaba más de 1000 kilos. El mediocampista español cruzó su disparo abajo a la derecha, Dida tapó el remate y, en el rebote, Alonso fusiló al arquero brasileño para poner el 3-3 final.

Un ambiente épico rodeó las tribunas del estadio turco. Los fanáticos de ambos lados y los neutrales sabían que estaban presenciando un hecho único. Del fatídico 3-0 a igualar el cotejo en solamente siete minutos. Historia pura, de esa que se cuenta de generación en generación y atraviesa fronteras. Eso fue lo que se vivió en Estambul aquel día. La lluvia de goles cesó y el encuentro finalizó 3-3. Agrandados por la remontada, Liverpool sabía que no podía fallar después de un esfuerzo tan grande. Como en todo partido legendario, hay momentos únicos, y Dudek fue quien lo protagonizó: el arquero Red fue figura en la prórroga con una doble tapada espectacular ante el ucraniano Shevchenko y mantuvo la igualdad. La paridad continuó en el tiempo extra y todo se definió desde los doce pasos.

Serginho tomó la bola y pateó el primer penal para Milan, pero su remate se elevó por encima del travesaño. Hamann convirtió el primero para Liverpool y Pirlo, jugador reconocido por su gran pegada, no pudo atravesar la muralla de Dudek, quien tapó el remate con su mano derecha. Luego de que Cissé y Tomasson convirtieran sus disparos, John Riise fue quien marró el primer penal para Liverpool, situación que fue aprovechada por Kaká para poner la serie 2-2. Con la ventaja de un penal, Smicer pateó el cuarto y anotó. La responsabilidad estaba en los pies de Shevchenko, quien había tenido un gran desempeño en la competencia. Sin embargo, el delantero apostó por un remate suave al medio que fue contenido por la figura del encuentro, Dudek.

Toda Estambul rugió, los jugadores de Liverpool corrieron a abrazar a su salvador y la epopeya estaba concluida, Liverpool volvía a ser campeón de Europa. De la victoria segura al empate impensado y un final para el infarto. Todos los condimentos estuvieron en aquella final que pasó a la historia y que hasta el día de hoy sigue siendo recordada como el milagro de Estambul. Porque no hay otra manera de explicar lo que sucedió en el campo de juego aquel día. Un verdadero milagro futbolístico había ocurrido en el Estadio Olímpico Atatürk.

Luego de esa dolorosa derrota, Milan obtuvo su revancha dos años después, cuando superó a Liverpool en la final de la UEFA Champions League 2006-2007 por 2-1.