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Fotos: La noche en que Andy Ruiz sorprendió al mundo

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Emocionado, Andy Ruiz, hace promesa a su madre (0:14)

Luego de destronar a Anthony Joshua como triple campeón de peso Pesado, el boxeador mexicano envió un saludo especial a su progenitora. (0:14)

Parecía que todo estaba escrito y decidido. Como esas series de televisión con un guión imaginado, un final previsible y donde, inevitablemente, el galán será el gran vencedor.

La noche del primero de junio debería ser histórica y como tal fue elegido como sede un templo sagrado del boxeo profesional: el Madison Square Garden de Nueva York. Por primera vez se presentaba en Estados Unidos el nuevo fenómeno de la legendaria pero sobrevalorada división pesada, el británico Anthony Joshua. Invicto, con tres cinturones de monarca universal y dispuesto a arrasar con todo a su paso. No pudo enfrentar a su rival original (Jarrel Miller), ni tampoco al invitado para subrrogarlo (Luis Ortiz).

La opción inesperada fue el mexicano, nacido en California, Andy Ruiz Jr. Poco conocido fuera del mundo del boxeo profesional y que llamaba más la atención del gran público por lucir fuera de forma que por sus innegables atributos boxísticos. Las diferencias de tamaño entre uno y otro eran abismales, Joshua lo supera a Ruiz en altura y alcance de brazos, además de lucir impresionante con su imagen de fisiculturista.

La pelea debía ser un trámite, un fogueo del tricampeón para mostrarle al mundo que Estados Unidos era la última escala ante de su consagración total. Ese era el final predestinado del pleito. Cuatro o cinco asaltos a lo sumo, antes de ver a Ruiz tendido sobre la lona. Pero el destino nos tenía preparado un cambio radical al guión de esa película. De actor de reparto, sin pedir permiso, Ruiz saltó a figura principal y nos regaló una de las más impactantes victorias que recordará por siempre la mejor historia de este deporte.

Aquí le contamos esa película a través de las imágenes del laureado fotoperiodista de boxeo de Getty Images, Al Bello, que recorrieron el mundo y que sirvieron para ilustrar el shock que aún perdura en el mundo del pugilismo.

En cada pelea en el Reino Unido, las entradas de Joshua a la arena tuvieron siempre una escenificación cinematográfica. Nueva York lo fue en menor medida, pero sin perder su impresionante vistosidad. En los hechos, el combate contra Ruiz sería un mero ensayo para su pelea unificatoria ante Deontay Wilder. Nada que temer, nada de qué preocuparse. ¿O sí? Mucha gente le notó el rostro alterado, como si cargara algún miedo o preocupación. La imagen, tal vez, transmite esa sensación.

En el desafío del lenguaje facial, antes de la pelea, Andy Ruiz fue el gran vencedor. Su cara siempre transmitió tranquilidad, seguridad, confianza y por momentos hasta una sonrisa desenfadada. Sin duda, no sintió miedo escénico ni tampoco se vio amedrentado por el físico y el cartel de su oponente. Hubo mucha gente que confundió esa tranquilidad. Pensaban que Ruiz entendía su rol y que su meta ya estaba cumplida: pelear y llevarse un buen cheque sin importar el resultado. Pero se equivocaron, claro.

El mundo del boxeo apostó por Joshua. Las casas de apuestas fueron un perfecto barómetro de ese favoritismo abrumador, el mexicano estaba debajo 20-1 e incluso se dijo incluso que estuvo más arriba de ese guarismo. Los primeros asaltos hasta que jugaron con el guión previsible de la pelea y, para colmo, el primer golpe duro, un trallazo imponente, lo aplicó Joshua. Le llegó completo al rostro de Andy. Fue un obús con olor a KO, no era para menos.

Fue tan duro el derechazo del británico, que no solo le sacudió toda la estructura corporal a Ruiz, también lo mandó a la lona, donde terminó sentado y conmovido intentando, primero, recuperar la consciencia cerebral, romper la confusión causada por el impacto y ponerse de pie antes de que el referí completara la cuenta de ocho. Ciertamente todos pensamos que ese era el comienzo del final de la pelea.

Es posible que ese golpe haya sido el revulsivo, el que sacó la casta, la rebeldía y la furia de Andy Ruiz. Cuando se paró, no solo estaba completamente recuperado demostrando una increíble asimilación, el mexicano contestó la caída saliendo a buscar la pelea. Sin especular, rompiendo la distancia a costa de arriesgar recibir un contragolpe letal. Y una vez que consiguió ponerse a tiro de Joshua, le puso sus mejores combinaciones. Cortas, duras, a la barbilla del campeón.

Fue el primero momento de máxima emoción en MSG, ¡Anthony Joshua se fue a la lona! El gigante se vino a tierra bajo una lluvia de golpes poderosos, implacables y precisos de Ruiz. Fue el festín de los fotoperiodistas, esa caída se dio en el lado donde los mismos se encontraban y pudieron retratarlo desde todos las posiciones y en especial captar su rostro demudado, tomado por la incomprensión ante lo inesperado.

El segundo capítulo en la pesadilla de Anthony Joshua, ocurrió en el séptimo round. Fue el momento cumbre de la actuación de Andy Ruiz Jr. Según después lo reveló a la prensa, su padre logró enfurecerlo por la manera en que - poco menos - le exigió que saliera a buscar el KO. Es posible que haya sido tal como lo cuenta, de todas maneras el nacido en Imperial, California, solo aumentó el volumen de lo que ya estaba haciendo y eso le bastó para terminar de destruir a Joshua, especialmente con golpes altos, a la cabeza del británico.

Dos veces, sí dos veces Andy Ruiz mandó a la lona a Anthony Joshua. Para que no quedaran dudas de quién fue el mejor en el Madison Square Garden. Fue una andanada de golpes y combinaciones, las últimas llevándose por delante al encumbrado campeón, sacudiéndolo con las dos manos, en la corta distancia, poniendo toda la ferocidad de un campeón que hizo honor a su apodo, "El Destructor".

¡Y la catástrofe tan temida se hizo realidad! Al minuto y veintisiete segundos de ese fatídico séptimo asalto, luego de dos caídas, el referí Michael Griffin se apiadó de Joshua y consideró correctamente que ya no tenía condiciones que proseguir. Era lo que estaba aguardando Andy Ruiz para iniciar su más que justificada celebración. La hazaña estaba consumada y el mundo del boxeo debería empezar a aceptarlo con tres cinturones sobre su pecho.

No hay mejor foto que esta para describir la dicotomía de las sensaciones y emociones reinantes sobre el cuadrilátero, después que el referí decretó la victoria del mexicano. En la esquina, abrumado, con la mirada perdida, sin entender, aparentemente, lo que había sucedido, Anthony Joshua buscaba digerir el desastre en medio de una notoria confusión mental. En el centro del cuadrilátero, mientras tanto, Andy Ruiz daba rienda a su alegría abrazado de su equipo en medio de una alegría indescriptible

Luego, hubo momentos de aplaudida caballerosidad por parte de Anthony Joshua que valoró la victoria de su rival, con humildad, hidalguía y sin excusas. Lo mismo sucedió con Ruiz, se mantuvo fiel a su actitud de buen muchacho, tuvo palabras de agradecimiento por la oportunidad, recordó el valor de su familia, se mostró orgulloso de sus raíces mexicanas y posó para la foto que nadie imaginó. Con los tres cinturones y mirando de frente a la cámara. Consciente que esta página de la historia del boxeo es solo suya y así será por siempre. No importa lo que ocurra con su carrera, su victoria ya es una leyenda y lo será hasta la eternidad.