Don Torcuato vuelve a arder en fiesta porque, en las grandes batallas donde la memoria viva reclama coraje, a este equipo jamás se le podrá discutir la entrega. En una semifinal de contacto, Hindú superó por 16-12 al CASI en un choque de titanes donde ambos vaciaron las reservas, empujados más por el rigor de la voluntad y el peso de sus camisetas que por la lírica del juego. El conjunto de Don Torcuato golpeó con precisión cuando vislumbró una hendija y blindó su territorio con una muralla defensiva implacable, haciéndose colosal en los momentos de mayor asedio y llegando así a la final del URBA Top 14 Copa Macro.
Pasaron cuatro años para que el elefante reclame una vez más su lugar en la cita cumbre. El próximo sábado escribirá el capítulo de su 14° final de la URBA, reeditando aquella consagración de 2008 frente al Cardenal para darle aún más espesura a su propia leyenda. “Les hicimos daño donde por ahí se hacen fuertes, creo que estuvo un poco por ahí la clave”, analiza Sebastián Cancelliere en medio de una marea de abrazos. El pasaje a la definición se construyó con la paciencia de los veteranos de mil campañas: remando desde atrás durante varias fechas instalado en el quinto puesto, Hindú edificó su marcha en silencio, hilvanó victorias decisivas y escaló hasta la tercera posición para llegar encendido al momento de la verdad.
En un trámite de márgenes mínimos, el destino se resolvió tackle a tackle. La faena defensiva de Hindú fue un manual de supervivencia y carácter: pelotas recuperadas con el agua al cuello adentro de sus 22 metros, una resistencia estoica frente al empuje arrollador del maul de la Academia y una fiereza implacable en el punto de contacto para sostener la ventaja. Nicolás Amaya se encarga de explicar ese rasgo distintivo del equipo: “Tuvimos adversidades todo el año, cosas que nos complicaron y como equipo y como club tuvimos que dar un paso adelante, ponernos duros y arrancar de vuelta. Creo que eso es lo que más vale y eso es en lo que hicimos foco y nos dijimos de hacer todo ante la adversidad que tengamos enfrente, vamos a cargarla con el pecho”.
El triunfo trajo consigo, además, una prórroga dorada para dos referentes del pack. Juan Ignacio Martínez Sosa y Ramiro Herrera ingresaron desde el banco con la incertidumbre de si sería su última función en una cancha; sin embargo, el destino les reservó una última gala antes del adiós definitivo. Herrera, conmovido tras el silbatazo final, transmitió el sentir de esa despedida: “Se vive muy interno, pasa de todo en un club, las buenas las malas, las pérdidas familiares, empiezan unos, terminan otros, hoy le estamos dando esa energía al club y es una alegría estar acá, somos unos privilegiados y tenemos que disfrutarlo. Tenemos una semana más de rugby”.
El sábado que viene asoma Newman, y en el campamento de Don Torcuato tienen en claro qué bandera no van a negociar. El pilar Franco Diviesti no dudó a la hora de marcar el camino: “La intensidad de los forwards, creo que todos corrimos hasta no poder más”. En sintonía, el segunda línea Carlos Repetto remarcó que “la agresividad en la defensa sin dudas fue lo máximo”. Nicolás Amaya no se apartó de esa misma línea: “Las ganas, el fuego, el tackle”. Y para rubricar el concepto, Sebastián Cancelliere sentenció que “la defensa fue el punto más alto nuestro”.
Hindú está de nuevo donde su linaje le exige estar. A lo largo del año fue templando su estructura y como manda la historia del equipo más laureado del siglo XXI, cuando el desafío tocó su fibra íntima respondió con la autoridad de los grandes. En el momento que el partido se convirtió en un vendaval y el rival empujó con todo su peso, el Elefante plantó las patas en el barro, aguantó la embestida con el cuero curtido de batallas y levantó la trompa para recordar que tumbar a un gigante de semejante porte sigue siendo una tarea difícil.
