BUENOS AIRES -- Saber que cuando tu as de espadas no puede estar en la cancha hay un recambio a su altura, es una noticia deliciosa. Colombia ya no absorbe como una tragedia la ausencia de James Rodríguez. Se felicita y disfruta de descubrir en Edwin Andrés Cardona Bedoya (Medellín, 8 de diciembre de 1992) un álter ego del crack de Real Madrid, y otra enorme razón para dejar de precipitarse hacia el desánimo. El estratega de los Rayados de Monterrey mostró vs Perú que no le pesa la responsabilidad de asumir la conducción de la selección Colombia.
Cardona, cuyos orígenes en el fútbol refieren como los de James Rodríguez a una temprana eclosión en el campeonato PonyFútbol, se acostumbró a los entornos hostiles desde niño. En el barrio Trinidad de la comuna Belén Buena Vista observó todo tipo de escenas de violencia. Se curtió hasta desarrollar un carácter fuerte. Un temperamento que le ayuda a evacuar cualquier tipo de miedo. En el inicio de la eliminatoria, este hijo de Andrés Giovanni Cardona, padre albañil, lavacoches, barrendero y taxista; y de Paula Bedoya, una sufrida madre de 4 críos; se reveló como el titiritero de su equipo. Catalizador de juego y hasta goleador, pues a los 90’+5 sentenció el choque contra el conjunto incaico con un golazo para darle los primeros 3 puntos a la selección Colombia en la fase de clasificación rumbo a la Copa del Mundo Rusia 2018.
Dormir cuando era niño, hacinado junto a sus hermanos en una modesta habitación, no fue obtáculo para detener sus sueños de gloria deportiva. Su madre confesó al diario El Espectador que “una vez, cuando tenía 9 años, Edwin se me perdió como dos horas y pensé que se lo habían robado, pero estaba en otra cancha recogiendo balones en un partido de grandes. Lo hacía sólo para patear la pelota en el entretiempo. A veces no comía, pero siempre entrenaba con Belén Buenavista, el equipo del barrio”. Cuatro años más tarde su madre fue víctima de un cáncer de ovarios que la postró mucho tiempo en cama. Paula rememoró que “Edwin fue el más pendiente de mí, porque era el mayor y su padre se mantenía trabajando. Me acompañaba y me calmaba cuando lloraba. Me decía que él saldría adelante y que todos íbamos a dejar de sufrir”. Estamos frente a un joven al que ninguna desventura de la vida le desvió de su objetivo.
Cardona ahora busca destacar en su club y en la selección para optar a jugar en el fútbol europeo a mediados de año, cuando se reabra el mercado de pases en el Viejo Continente. “No quiero quedarme estancado en México, sino crecer y ganar nuevos títulos”, dijo allá por el mes de marzo. Es su nueva meta y pelea por escribir las mejores páginas de su propia historia. El precio de su salida se cifra en unos 4,15 millones de dólares. En tanto, no hay sacrificio que le haya desmayado el espíritu. Cuando no tenía dinero se iba a entrenar a pie o en bicicleta, pero jamás faltaba. Le hacía feliz dividir un plato de comida con sus hermanos para encarar el día, como pleno se siente hoy cada vez que en compañía de su esposa Carolina mira a los ojos a su pequeña hija María Isabel.
Cardona es un luchador y la última batalla que ganó fue cuando se sobrepuso a la crítica indiscriminada que sufrió en 2010 mientras en algún medio de comunicación se aludía a él como gordo e indisciplinado. Ahora escenifica la película de su propia revancha y va por más. Su último gesto, dedicándole la victoria de la selección Colombia vs Perú a James Rodríguez le pinta de cuerpo entero como un buen compañero y un tipo maduro cuyo rumbo no se aparta del que en su momento guionaron sus sueños en aquella humilde alcoba compartida.
La otra gran noticia para la selección Colombia es el regreso de Teófilo Gutiérrez. Teo, on fire, en el instante indicado. Cuando el equipo no conseguía recuperar su romance con el gol. Partido de enorme jerarquía el que firmó el actual atacante de Sporting de Lisboa. Gol, pase, desmarque, lectura de juego, control de ritmo. El exjugador de Racing y River le puso un moñito a su encuentro frente a Perú abriendo el marcador y cuando José Pekerman le reemplazó por Radamel Falcao, el estadio Metropolitano le regaló una soberana ovación. Caricia merecida. El dúo Teo-Edwin, Cardona-Gutiérrez, renueva y reactiva el ímpetu de una Colombia que crece y que busca reencontrarse con el nivel que le permitió convertirse en uno de los mejores equipos del mundo en el último Mundial de Brasil.
