LOS ÁNGELES – Hace un par de meses, con la temporada avanzando a toda velocidad y siendo evidente que se quedaba rezagado, Albert Pujols lo sometió a votación. Congregó a su esposa y cinco hijos, recorriendo el salón mientras les hacía la misma pregunta:
¿Es hora de retirarse?
Solo un familiar votó a favor de que este fuera el último año de Pujols en Grandes Ligas: su hija menor Esther Grace, de 9 años, que quiere pasar más tiempo en casa junto con Papá. El resto quería que Pujols siguiera adelante hasta jugar la temporada 2022 con 42 años a cuestas; bien sea porque creen que sigue siendo capaz de desempeñarse a un nivel óptimo, porque quieren que alcance el hito de los 700 jonrones, o porque no son capaces de imaginar la vida de otra forma.
Pujols, de 41 años, no lo sabe aún. Y está decidido a esperar hasta tomar una decisión definitiva.
“Lo último que quiero hacer es sentarme en casa dentro de un año y decir: ‘Maldición, ¿por qué hice eso?’”, afirma. “Quiero asegurarme de que eso sea todo, porque no quiero pensar: ‘Diablos’ para luego intentar volver. Cuando diga que he terminado, pues he terminado”.
Era una cálida tarde de martes en un tranquilo Dodger Stadium, varias semanas después de la votación familiar. En cuestión de 30 minutos, Pujols haría su acostumbrado entrenamiento de dos horas de duración. Dentro de cuatro horas, se lanzaría el primer pitcheo de otro partido en el que no asumiría la titularidad. Ésta es su vida actual, en la tercera década de una de las carreras más consumadas de la historia del béisbol mayor. Tras un ciclo dominante de 11 años jugando con los St. Louis Cardinals y más de nueve arduas campañas vistiendo el uniforme de Los Angeles Angels, Pujols (uno de apenas tres hombres en sumar 600 cuadrangulares, 3,000 imparables y 2,000 empujadas) actualmente labora como especialista del bateo emergente, en un equipo de Los Angeles Dodgers que se encuentra entre los más galardonados en memoria reciente.
Una caricatura de Pujols que acompaña al logotipo “Tío Albert”, se encuentra estampada en las camisetas azules que actualmente son populares entre los peloteros, que las visten durante las prácticas de bateo previas a los juegos de los Dodgers. Sus abrazos envolventes se han convertido en una fija de las celebraciones de los jonrones ligados por el equipo californiano. El mánager de los Dodgers, Dave Roberts, elogia constantemente las maneras en las cuales su ética de trabajo y tutoría a los más jóvenes han repercutido dentro de un clubhouse lleno de estrellas.
Por estos días, Pujols apenas pisa el terreno (solo ha sido titular en tres juegos disputados este mes); sin embargo, es productivo cuando lo hace (posee OPS de 1.007 contra lanzadores zurdos desde su llegada al equipo el pasado 17 de mayo, cuatro días después de su sorprendente puesta en libertad por parte de los Angels). Ayudar a los peloteros más jóvenes y ver las formas en las cuales eso puede impactar en medio de una emocionante carrera por el banderín, le ha “ayudado a recuperar la alegría [de jugar al] deporte que amo y respeto, que tengo el honor de jugar desde que era un niño pequeño”, afirma Pujols. “La estoy recuperando. Y eso es lo que ustedes ven”.
En ocasiones, según confiesa el propio Pujols, ver todos esos partidos intensos y llenos de alta presión desde la banca ha sido toda una tortura. Sin embargo, el dominicano indica haber adoptado su rol limitado, uno que muchas personas vinculadas a este deporte afirmaron que nunca habría aceptado dentro de la organización de los Angels. Eso se debe, en parte a que éste no es el equipo que le confirió un contrato sumamente lucrativo; y en parte a que las expectativas, y límites, fueron impuestos desde el principio. Pero en mayor medida, eso se debe a que los juegos en los que participa, así sea con menor frecuencia, se disputan en pos de un campeonato.
Pujols echaba de menos esa lucha.
“Tuve eso a principios de mi carrera, lo que era maravilloso”, afirma Pujols. “Y esa sensación nunca me dejó … el deseo de seguir avanzando. Y esa fue la razón por la que clasificamos a los playoffs todos los años en St. Louis”.
Sus siete apariciones en playoffs y dos títulos de Serie Mundial como miembro de la organización de los Cardinals fueron seguidos por una incursión en los playoffs (que terminó en barrida en la primera ronda) y una letanía de septiembres irrelevantes como jugador de los Angels. La disminución de su productividad ofensiva, sumada a un elenco inadecuado de actores de reparto, tuvieron como resultado que los Angels nunca pudieron dar ese salto, independientemente de las altas exigencias autoimpuestas por Pujols.
“Probablemente, la gente decía: ‘Bueno, en cierto modo es tu culpa’”, afirma Pujols. “¿Por qué tiene que ser culpa nuestra? Intentas hacer tu trabajo lo mejor posible. Y créeme, de donde vengo, es una buena organización y tuvimos buenos equipos. Simplemente, las cosas nunca funcionaron para nosotros; bien sea la química, las ideas, la forma en que funcionaron las cosas. No lo sé. No sé qué nos faltó. Pero ahora, que vuelvo a estar del otro lado y veo esa preparación, como la asume la organización; y veo el éxito, lo que se requiere para alcanzarlo y lo que faltó del otro lado, pienso: ‘Guao’”.
Poco después de que Pujols pactara con los Dodgers, algunos de sus nuevos compañeros buscaron videos en YouTube de sus grandes hazañas durante su época con los Cardinals.
Muchos de ellos apenas tienen la mitad de su edad y básicamente crecieron viendo una versión distinta de Pujols: aquella que luchaba contra agudos dolores y molestias en su tren inferior; y que se dio a conocer por batear para dobles matanzas que ponían punto final a los innings, al igual que por soltar monstruosos cuadrangulares. Para la mayoría de ellos, aquel feroz pelotero que deleitaba a la afición en la década del 2000 (el tres veces ganador del premio al Más Valioso, capaz de combinar el poder de Hank Aaron con el control al bate de Tony Gwynn, aparte de convertirse en una fortaleza tanto a la defensiva como en el corrido de bases) era una imagen borrosa que evocaba otros tiempos ya lejanos.
En ese sentido, la carrera de Pujols ha sido una obra en dos actos. Una primera etapa de dominio, seguida por otra de perseverancia; o siendo más severos, de una grandeza sin precedentes que se desvaneció demasiado rápido. Pujols solo lo ve de una forma: como la historia de un hombre que aprovechó hasta el último gramo de todas las oportunidades que se le presentaron: desde ser elegido en la ronda número 13 del draft con 20 años y proveniente de un colegio comunitario, pasando por su lucha a los 40 por ocupar un puesto relevante dentro de un deporte en el que repentinamente cobraron protagonismo las altas velocidades y los intrincados “shifts” defensivos. La realidad se ha impuesto; sin embargo, la seguridad de Pujols en sí mismo apenas ha flaqueado.
“No es ciencia de lanzamiento de cohetes … no soy el mismo pelotero que era hace 10 años, hace 15 años”, expresa Pujols. “Quiero decir, esto es lo que hay: debido a la edad, debido a las lesiones. Sin embargo, yo creo que sigo siendo capaz de hacer muy buenos aportes, y eso se demostrará cada vez que tenga la oportunidad”.
Así también lo creen los Dodgers. Después de su triunfo en la Serie Mundial 2020, que puso punto final a una sequía de 32 años de duración, su actual roster de peloteros activos se ufana de contar con la suma de siete Premios Cy Young, seis galardones al Más Valioso y 54 invitaciones a Juegos de Estrellas.
Pujols se mantiene en la banca, pero David Price lanza como relevista largo. En días consecutivos, la apertura de un tres veces ganador del Cy Young (Max Scherzer) es seguida por otro lanzador con similar cantidad de galardones (Clayton Kershaw). De forma regular, la punta de su alineación ofensiva ostenta a dos de las amenazas más dinámicas a la hora de embasarse (Mookie Betts y Trea Turner) de toda la pelota mayor. Los Dodgers han ganado cerca del 65% de sus juegos, superando a sus oponentes por 250 carreras, la mayor diferencia de las Grandes Ligas. A pesar de ello, apenas han logrado mostrarse completos durante todo el verano. Quedar a poco de ganar su noveno título divisional sería producto de una mágica temporada de los sorprendentemente dominantes San Francisco Giants, en vez de una acusación contra la productividad de los Dodgers. A pesar de su déficit de un juego, el portal FanGraphs les confiere las mayores probabilidades de alzar este año el título de Serie Mundial.
Pujols ha forjado nexos con Justin Turner y Max Muncy, los dos infielders titulares en las esquinas que han empezado a ser aficionados a su bateo en semanas recientes. Ha sido capturado en la banca sosteniendo conversaciones firmes con figuras de la talla de Will Smith, Julio Urias y Brusdar Graterol, aunque también con Kershaw, Scherzer y Roberts. El martes pasado, tras conectar el imparable que selló el triunfo en extra-innings sobre los Colorado Rockies, Pujols fue recibido con un baño de cerveza.
“Eso demuestra cuanto es respetado y adorado por los chicos”, afirma Roberts.
Gavin Lux, criado en Wisconsin y que recuerda vívidamente como un joven Pujols solía infundir terror entre los equipos que conformaban la División Central de la Liga Nacional, es uno de ellos. “Ha hecho una diferencia inmensa desde el primer día que puso un pie dentro del clubhouse”, afirma Lux, outfielder de 23 años. “Definitivamente, no puedes menospreciar algunas de esas conversaciones que tienes con él”.
Pujols menciona nombres como los de Willie Mays y Stan Musial, recordando cómo ellos asumieron roles de tutor durante el ocaso de sus respectivas carreras, apuntando que se siente contento al hacer lo mismo. Recientemente, ha pensado a menudo en un hombre llamado Fernando Arango, veterano scout que básicamente lo descubrió. Arango falleció hace dos años a causa del cáncer.
“Él mira desde arriba, diciéndome: ‘Bien hecho, porque esto era lo que esperaba de ti’”, indica Pujols. “Sé bien lo valioso que es todo esto, independientemente de si este deporte está cambiando o no en la actualidad; porque es un juego de pelota muy distinto al que jugaba cuando llegué por primera vez a la liga. Al final del día, me guío por el impacto que he causado dentro de un club de béisbol. Y esas relaciones, a mi criterio, se atesoran más que cualquier logro alcanzado sobre el terreno”.
Pujols podría no figurar como titular en los partidos jugados en octubre. Sin embargo, en algún momento habrá un marcador reñido y será llamado desde la banca, para tomar el turno ofensivo que podría cambiar el destino del encuentro y repercutir en la consecución de un título.
No tomará una decisión sobre su futuro hasta poco tiempo después de concluida la actual temporada. Un tercer título de Serie Mundial podría motivarle a anunciar su retiro. Del otro lado, un contrato colectivo que incluya la adopción del Bateador Designado universal (que bien podría allanarle el camino para jugar una última temporada en San Luis) podría inspirarle a volver, emprendiendo así una gira de despedida similar a las vividas por David Ortiz y Mariano Rivera.
Pujols se ha sometido a siete intervenciones quirúrgicas (las cuales puede mencionar con lujo de detalles) desde que dejó la organización de los Cardinals. Cuenta con una familia extensa y estrechamente unida, participa en una serie de actividades benéficas y ha logrado alcanzar prácticamente todos los hitos imaginables en su profesión. Quedan algunas hazañas pendientes (se encuentra a 21 cuadrangulares de los 700, a 36 partidos de sumar 3,000), pero ese siempre será el caso.
Lo que nos conduce a plantear otra pregunta:
Exactamente, ¿qué sigue persiguiendo?
“Esa es una gran pregunta”, responde Pujols, para luego tomar una pausa. “Pero no persigo nada. Sólo amo el juego del béisbol. Y siento que me iré bajo mis propias condiciones, no las impuestas por otros”.
