Pedri, el descubrimiento inesperado del Barcelona

Pedri González destacaba entre todos los chavales de 15 años que jugaban en un equipo llamado Juventud Laguna, en Tenerife, cuando su nombre ya fue marcado en rojo brillante por los ojeadores de la Unión Deportiva Las Palmas, atendiendo a que el club de su isla, el Tenerife, no había dado ningún paso por incorporarle. Le querían tener controlado para llevárselo a su cantera un año después y respiraron aliviados al descubrir, en febrero de 2018, que el Real Madrid rechazaba su fichaje por "no dar alcanzar el mínimo de calidad". Al cabo de dos meses, por si acaso, Las Palmas cerró su incorporación. Su eclosión fue inmediata, reclamado por Pepe Mel para el primer equipo con apenas 16 años, y el secretario técnico del club canario entendió que el futuro que se le auguraba merecía una llamada a Barcelona.

Toni Otero era ese personaje capital en la historia, que descolgó el teléfono y habló con José Mari Bakero, director del fútbol formativo profesional del Barça y gran amigo suyo desde que había trabajado en el club azulgrana años antes. Bakero confió en ese consejo y envió, verano de 2019, a un ojeador para seguir a Pedri en un par de amistosos que jugó Las Palmas en Andalucía y tan bueno fue el informe que el ex capitán del Dream Team, en primera persona, viajó a Sevilla para verle en directo en un amistoso frente al Real Betis.

Fue el siete de agosto de 2019. El día, la noche, en que Bakero llamó a Ramon Planes, secretario técnico del primer equipo del Barça, para conminarle a mover todos los hilos, con urgencia, para fichar a Pedri. "No se podía escapar. Fichar a un chaval de 16 años siempre es un riesgo y más cuando puedes tener en la propia cantera a jugadores de esa calidad, pero él era un caso distinto”, explica a ESPN Digital una fuente del club azulgrana que vivió de cerca el fichaje.

Planes trasladó la opinión de Bakero a la Comisión Deportiva y tras una reunión de urgencia en Barcelona se dio el “ok” al fichaje. Silvio Elías, presidente de la Comisión Económica Estatutaria y responsable del fútbol formativo profesional en la directiva de Bartomeu, trasladó una semana después una oferta en firme a Las Palmas de 4 millones de euros más bonus que el 31 de agosto acabó concretándose por cantidades distintas, más altas pero atendiendo a la proyección del jugador consideradas una operación fantástica.

El tres de septiembre de 2019 se firmó el contrato. El Barça pagaba 5 millones de euros fijos con unos variables de hasta 25 millones y una reserva del 15 por ciento de una futura venta. Además, el club canario conseguía su cesión por una temporada y de cara al siguiente año, cuando se incorporarse al Barcelona, tenía la obligación de darle ficha en la primera plantilla o, lo más lógico, en el filial... siempre que éste jugase en 2ª División. En caso contrario jugaría otra temporada en el club canario.

Sorpresa

De entrada, todo debe explicarse desde la realidad, el fichaje de Pedri fue recibido en Barcelona con sorpresa y un tanto de incredulidad. En paralelo al debut de Pedri en el primer equipo del Las Palmas con una derrota y tres empates, dejando destellos de calidad pero sin explotar auténticamente, en el Camp Nou alumbró la figura de Ansu Fati, catapultado al primer plano por necesidad. Una necesidad a la postre bendita...

Lesionados Messi, Suárez y Dembélé, Ernesto Valverde, entrenador en aquel momento, echó mano de Ansu durante diez minutos en la segunda jornada, frente al Betis, y le utilizó de revulsivo en Pamplona ante Osasuna el 31 de agosto, la tarde en que marcó su primer gol de azulgrana y se ganó la consideración general.

Fue, también, una casualidad para que Pedri, el niño de los 5 millones, quedase apartado del plano mediático en favor de Ansu. "Todo vino de cara porque la atención se centró en Ansu y el equipo. En cierta manera fue una liberación para nosotros porque seguíamos semanalmente a Pedri sin que nadie hablase de él en Barcelona”, recuerda el mismo empleado del Barça dando cuenta que al canario se le hacía ya un seguimiento continuado y directo cuyas sensaciones no podían ser mejores.

Pronto se confirmó que la apuesta había sido acertada. "Puede jugar en la izquierda, en la mediapunta o en la derecha, es rápido, tiene atrevimiento contra jugadores que le doblan la edad, desborda con facilidad y centra con las dos piernas” se escribía en uno de esos informes y completada media temporada había sido titular en 16 partidos (se perdió cinco por su participación en el Mundial sub-17) con un rendimiento cada vez más influyente.

El riesgo…

En febrero de 2020, semanas antes de que la pandemia del coronavirus cortase la temporada por la mitad, en Barcelona ya se había decidido que el crecimiento de Pedri era de tal envergadura que lo mejor para su proyección era incorporarle al filial la siguiente campaña con la posibilidad de que fuera llamado a menudo a los entrenamientos del primer equipo.

Ahí alumbraba una urgencia inesperada: se necesitaba, por el contrato firmado seis meses antes, que el Barça B de García Pimienta ascendiera a 2ª División y aunque había optimismo en lograr el objetivo se sabía que a fin de cuentas el play-off era una lotería en el que te jugabas la temporada a cara o cruz en tres partidos definitivos.

Y salió cruz. El Barça B llegó a la final del play-off pero fue derrotado por el Sabadell, condenado a quedarse en 2ªB el equipo y colocando a Pedri en una difícil disyuntiva. Se le quería en el club pero pocos, muy pocos, apostaban a que un chaval que aún no había cumplido los 18 años pudiera ganarse un dorsal en la primera plantilla.

Cerrado el curso con una estadístia excelente (37 partidos, 4 goles y 9 asistencias), en Las Palmas avisaron de su intención de tenerlo un año más, en el Camp Nou se sucedieron las llamadas de clubes solicitando su cesión y en agosto, mientras el primer equipo viajaba con destino a Lisboa para disputar la Champions, en Barcelona comenzaba una atípica pretemporada en la que Pedri se ejercitó junto a Trincao, Matheus Fernandes, Todibo, Wagué, Aleñá, Rafinha, Miranda y Oriol Busquets a la espera de saber su futuro. Sin nada claro.

El factor Koeman

El Barça fue arrasado en Lisboa, Quique Setién fue despedido, fichó Koeman como entrenador del primer equipo y sus primeras palabras refiriéndose a los jóvenes no invitaron precisamente al optimismo en cuanto a la figura de Pedri. "Necesitan minutos y puede que los tengan en una cesión”, refirió el entrenador holandés durante la pretemporada.

Pero Pedri tenía sus intenciones muy claras. En puertas del primer equipo, estaba dispuesto a pelear un puesto lo que hiciera falta. "Cuando comenzó la pretemporada, el objetivo era hacerme con un puesto en la plantilla y convencer al entrenador”, relató el propio jugador semanas después, cuando ya era jugador de pleno derecho, cuando se había ganado la confianza de un Koeman a quien no le costó reconocer que aquel jovenzuelo tenía madera de crack y merecía quedarse.

Hablar hoy de Pedri González es fácil. Personifica junto a Ansu Fati el éxito de una juventud que se ha hecho con un puesto a empujones en el primer equipo y se ha convertido en una de las grandes sorpresas del fútbol español. Suena extraño, una excepción, que haya alcanzado esta consideración en un club que vive en crisis desde hace muchos meses y que su figura se haya catapultado al lado de jugadores consagrados como Griezmann, como Coutinho o Dembélé, llegando a ser más tenido en cuenta de lo que pudo soñar.

"Hay que ir poco a poco, con cuidado, porque todavía está en crecimiento. No es un futbolista hecho y debemos cuidarlo”, se apunta desde un Barcelona que se pellizca feliz por haber conquistado un fichaje tan inesperado después de que lo dejase escapar el Real Madrid como de rendimiento inmediato. No fue un descubrimiento casual porque en esta época de fútbol globalizado las casualidades apenas existen, pero sí fue una apuesta radical.

La que un día, en agosto de 2019, decidió Bakero tras una llamada de un viejo amigo y ex colaborador en el club: "Aquí hay madera de crack”, le dijo. "No se puede escapar”, alertó el capitán del Dream Team. Y no se escapó.