MIAMI -- La serie entre los Cleveland Cavaliers estaba 3-3 en las Finales de la NBA. Quedaban 69 segundos cuando los Cleveland Cavaliers salían del tiempo muerto, y la intención era que la bola vaya a Kyrie Irving. Acto seguido, llegó el pick and roll con J.R. Smith para que Irving quede emparejado con Stephen Curry en lugar de Klay Thompson.
El reloj para lanzar estaba expirando, e Irving no encontraba espacios, hasta que se inclinó hacia atrás, y encestó el triple más icónico de su carrera.
Esa canasta de 25 pies, junto a la tapa corriendo desde atrás de LeBron James, son las imágenes que quedaron congeladas para explicar el primer título en la historia de los Cavaliers.
Ese triple, se suponía sería el momento insignia de la carrera de Irving.
Y si bien será un tiro por siempre recordado, hoy no es lo único que se menciona, a la hora de explicar la carrera de Kyrie, quien hoy cumple 31 años.
Es que, tras ese momento icónico, Irving forzó su salida de Cleveland porque “ya no quería estar en la sombra de LeBron James”.
Boston le dio la oportunidad de ser el actor protagónico, y cuando la situación pedía que fuera el líder del equipo, el resultado fue justamente el opuesto al deseado.
El vestidor se empezó a desmoronar, y justo cuando pensábamos que los Boston Celtics podían ser aspirantes al título tras que Jayson Tatum exhibiera todo su potencial en los playoffs anteriores, Boston tuvo una salida tan prematura como decepcionante.
Si bien nadie apuntó el dedo específicamente a Irving, sus “cambios de humor” fueron admitidos por el propio jugador, y el cambio de 180 grados que se observa en el vestidor de los Celtics un año después, habla por sí solo.
Vibras positivas y resultados a la vista.
Irving decidió continuar su carrera en los Brooklyn Nets, un equipo que estaba en alza.
El entrenador Kenny Atkinson había hecho un trabajo fenomenal a la hora de desarrollar química y talento, como el de Spencer Dinwiddie y Caris Lavert, que se transformaron en partes cruciales del equipo.
Las expectativas son altas ahora para Brooklyn, sobre todo teniendo en cuenta que sumaron también a Kevin Durant, aunque no jugaría hasta la próxima temporada.
Sin embargo, a mediados de temporada, el cortocircuito ya era palpable.
Un año plagado de lesiones, con récord inferior a .500 y con desconexiones evidentes entre la principal estrella activa del equipo y su entrenador.
Aparentemente, Irving no era un fan de Atkinson, y hasta expresó su preferencia por Ty Lue como entrenador, quien es actualmente un asistente con los LA Clippers.
Atkinson se cansó tanto de este tipo de actitudes, que ambas partes “decidieron tomar caminos diferentes”. Y así nomás, en un abrir y cerrar de ojos, todo lo bueno que tardó tiempo en construir, se destruyó en poco tiempo.
Si bien es cierto que Irving estuvo lesionado el grueso de la temporada, el equipo apenas tuvo un récord de 8-12 en los 20 juegos en los que jugó Irving; el registro es de 22-22 sin él.
Una vez es casualidad, pero dos veces es tendencia.
Por esa razón, la carrera de Irving no sólo es definida por uno de los triples más recordados de la historia, sino también por su incapacidad para ser un líder de equipo.
No hay dudas de que Irving tiene un talento que hipnotiza, pero esta podría ser su última oportunidad antes de que los equipos empiecen a pensarlo dos veces antes de contratarlo.
La próxima temporada, ya con Durant saludable, tendrá que demostrar que puede ser líder y seguidor a la vez.
Porque si no lo hace, aquel triple icónico empezará a moverse a un segundo plano, mientras que delante de él aparecerá el rótulo de “nunca colmó su potencial”.
Últimamente, todo lo que toca Kyrie, se despedaza.
Y si no encuentra la forma de enderezar el rumbo, las etiquetas negativas quedarán pegadas para siempre.
