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'Es el campeón de la gente': Una mirada íntima a la nueva vida de Andy Ruiz

"Todos se reían de mí", dice Andy Ruiz, Jr. "No has peleado contra nadie como Joshua. Pero en realidad, él no había peleado contra nadie como yo". Nick Potts/PA Images via Getty Images

ESTE MOMENTO ES el momento. No se pondrá mejor. Este hombre, de contextura grande y redonda, se hará más rico y más famoso. Habrá mayor cantidad de gente deseosa de que él cuente su historia y aún más personas que querrán leerla, escucharla o verla. Será reconocido en más calles de más ciudades. Pronto, comenzará a detectar la agridulce fuera de las expectativas: Muy bien, pero ¿podrá hacerlo de nuevo? Se verá fuertemente sofocado en su pequeño pueblo, tanto por el amor como por la codicia, que comenzará a sentirse como si estuviera dentro de una caja. Por ende: no, nada mejorará este momento, este momento glorioso e inesperado. El momento en el cual Andy Ruiz Jr. se convirtió en alguien.

Ya nadie surge de la nada, ¿cierto? Somos demasiado astutos para ser sorprendidos. Sabemos todo antes de que ocurra y si no lo sabemos, diremos que sí lo sabíamos. Hemos convertido a la sorpresa en un enemigo: ser sorprendido es estar desconectado y no existe hoy en día una peor acusación. Las sorpresas son de una era distinta.

Por eso, la belleza de lo que ocurre con Ruiz no se limita a lo obvio, que el actual campeón del mundo de los pesos completos se asemeja a un hombre que vestiría una camiseta en una piscina. No, es la sorpresa pura y sin cortes de todo lo ocurrido, la forma en la cual este hombre de 268 libras de peso pasó de ser prácticamente un total desconocido (a seis peleas de haber disputado un combate en el Templo Masónico de Detroit) hasta dominar al previamente invicto Anthony Joshua, de 6 pies, 6 pulgadas de estatura y 247 libras de peso en una de las mayores sorpresas en la historia de este deporte.

Sólo mírenlo ahora, mientras camina por las tarimas de Stella Artois, Bud Light y Rolling Rock al dirigirse a una rueda de prensa en la bodega de un distribuidor de cerveza en su ciudad natal de Imperial, California. Hay policías por todos lados: dentro del salón, en las afueras de la entrada, estacionados en autos por toda la calle. Ruiz se sienta en una mesa, con cada uno de los cinturones de sus cuatro títulos apoyado sobre un surtido de 12 latas de cerveza y exhibidos frente a él. Escucha todas y cada una de las preguntas, en inglés y español, con su cabeza ligeramente inclinada hacia atrás y su mandíbula adelante, como si tuviera alguna dificultad para escuchar. Su rostro perfectamente redondo se mantiene en una media sonrisa de satisfacción permanente, como si fuera uno de los querubines pintados por Rafael con 29 años. Si las expresiones fueran palabras, la suya diría: "¿Qué piensan ahora de mí?", seguido por la forma plural de una palabra en inglés de 12 palabras que es mejor que se la imaginen en vez de leerla por aquí.

Este sujeto, este hombre regordete con la barriga saltarina y pies rápidos es el campeón mundial de los pesos completos y el primer campeón mundial de los pesos completos de origen mexicano. Repite esas palabras ("campeón mundial de los pesos completos") reiteradamente y casi de forma aleatoria, como si repetirlas las hiciera más creíbles.

"Todos se estaban riendo de mí", dice Ruiz. "Todos se reían de mí. No has peleado contra nadie como Joshua. Pero en realidad, él no había peleado contra nadie como yo".


CONSIGUIÓ LA PELEA al intercambiar mensajes con el promotor de Joshua, Eddie Hearn, en Instagram. Cero intermediarios, nada de "que tu gente llame a mi gente", sólo un boxeador exponiendo sus argumentos a un hombre que decidió que valía la pena darle una oportunidad. Fue lo más parecido a la usanza de la vieja escuela que se puede ver en la nueva escuela. Era finales del mes de abril y Ruiz acababa de vencer a Alexander Dimitrenko el 20 de abril. Jarrell Miller, el rival elegido a dedo de Joshua para su debut en Estados Unidos, había sido descalificado por salir positivo en varias pruebas antidopaje y Ruiz decidió utilizar Instagram para cambiar su vida.

Le dijo a Hearn que le diera la oportunidad, que se la merecía, que él era mejor que todos los otros hombres que estaba considerando. No le importaba el hecho que disputaría dos combates en siete semanas, una carga de trabajo ridícula para un boxeador de pesos pesados, o que implicaría pasar 15 semanas consecutivas en el campamento de entrenamientos, lejos de su familia, amigos y alimentos favoritos. Menos de un año antes, Ruiz se encontraba en el foso: pesaba más de 300 libras, desmotivado, descontento con su contrato con la promotora Top Rank, prácticamente sin hacer dinero suficiente para mantenerse a sí mismo y a sus cinco hijos. "Estuvimos así de cerca de perder a Andy", dice su entrenador Manny Robles. Entonces, en este momento, tras haber ganado de forma impresionante a Dimitrenko, ¿qué tenía que perder?

"Por supuesto pensaban que yo sería otra victoria fácil para AJ", dice Ruiz. Hace una pausa para causar efecto dramático. "No hicieron su tarea".

Ruiz se mudó con Alonso Flores, su chef y arrendador a medio tiempo, previo a la pelea contra Dimitrenko. Hizo una dieta consistente de pescado y pollo y le preguntaba reiteradamente a Flores: "Hombre, ¿por qué me das de comer tanto verde?" Perdió aproximadamente 30 libras. "Era una persona completamente diferente a los ojos del campamento de Joshua", dice Flores. "Previamente, se veía un poco letárgico y flojo y de repente, pasó un interruptor".

Aún permanecen ciertos rasgos del niño que fue intimidado durante toda su vida. Ruiz es cauteloso, mirando a su alrededor para medir la reacción a sus palabras como si fuera alguien agudamente consciente de cómo está siendo percibido. Fue objeto de risas y burlas desde que adquirió uso de razón, especialmente cuando tenía 7 y 8 años y se vio obligado a pelear contra jovencitos que casi le duplicaban en edad porque no había nadie de su edad en su categoría de peso. Otros entrenadores veían a Andy y se mofaban de él, diciéndole a su padre Andy Ruiz, Sr.: "Tu hijo no va a poder hacer eso, hombre. Sé realista". Su amigo y publicista a tiempo medio José Avalos cuenta la historia de un niño en un jardín que volteó una llanta sobre Andy y lo fijó dentro de él hasta que un profesor llegó a rescatarle. "Su peso siempre le hizo blanco fácil de burlas", dice Avalos. "Hizo resistencia, pero le fue difícil". Entonces, no, Ruiz no es el gordito feliz que uno podría imaginarse.

"Necesité de mucho tiempo y muchos años para sentirme cómodo conmigo mismo, como lo estoy ahora", afirma Ruiz. "Ha habido muchas montañas rusas. Sin importar cómo te ves o cómo eres, lo único que importa eres tú y lo que intentas alcanzar en la vida".

Sólo hay que verlo antes de la pelea, con la mirada fija hacia el otro lado del cuadrilátero del Madison Square Garden, pendiente de Joshua, cuyo físico es el ideal de un dibujante, pensando sólo una cosa: Este hombre intenta quitar el cereal de las bocas de mis hijos. "Eso es realmente lo que pienso antes de cada pelea", dice Ruiz. "Cuando anuncian mi nombre (Annnn-dy Ruuu-iz), estoy pensado: 'Vaya, este h-----p--- intenta robarles el cereal a mis hijos".

Y entonces, en el tercer asalto, Joshua conectó un fuerte derechazo y Ruiz cayó a la lona. Esto parecía seguir el libreto a la perfección: Joshua consigue la victoria fácilmente, Ruiz recibe su pago, todos continúan con sus vidas. Ruiz estaba en el suelo durante algunos segundos, con su cabeza sin tocar la lona, diciéndose a sí mismo: 'Por favor, Señor, ayúdame. Dame tu fortaleza'. "Y, ¿te puedes imaginar?", dice Ruiz ahora. "Me levanté con cara de malo y listo para intercambiar golpes porque él intentaba rematarme". Comenzó a soltar golpes, prácticamente arrojándose hacia el rostro y cabeza de Joshua, más alto que él, con la trayectoria de sus golpes asemejándose a un aeroplano en posición de despegue. Joshua parecía estar desconcertado. Se suponía que este hombre permanecería en el suelo. Por el contrario, Joshua pasó el resto de la pelea con una mirada de distancia y confusión. Cayó en cuatro ocasiones antes de que el combate fuese detenido en el séptimo asalto. Posteriormente, se había hablado de un golpe sufrido durante el campamento de entrenamiento y que quizás se había producido un ataque de pánico previo a la pelea en el vestuario. Hearn dijo que Joshua no era capaz de recordar nada después de haber sido tumbado por primera vez, en el tercer round. "Puedes buscar un millón de excusas diferentes", dijo Robles. "¿Acaso creen que Andy no fue retado?"

Cuando Ruiz regresó a Los Ángeles el día después de la pelea, fue a casa de su chef y propietario de lo que denomina "un orfanato del boxeo": Alonso Flores. Se sentó en el sofá y dijo: "Hombre, veamos la pelea". Fue la primera de ocho o 10 repeticiones (Ruiz ha perdido la cuenta) y cuando la pelea había terminado y él saltaba por el ring como un niño pequeño y su familia saltaba por las cuerdas con lágrimas en sus ojos, le dijo a Flores: "Hombre, me estoy pinchando a mí mismo. ¿Cómo fui capaz de hacer eso?"


¿QUÉ HACER CON la fama instantánea? Ruiz y su equipo, que consiste en su mayoría de miembros de su familia, despertaron en la mañana del domingo en Nueva York después del combate contra Joshua y se dirigieron al aeropuerto, saliendo sumamente temprano, en caso de que hubiera tráfico. No pensaron en quedarse en Nueva York y aprovechar el momento al máximo, quizás haciendo visitas a los programas matutinos de televisión por unos días y reunirse con un agente literario para conseguir un contrato para un libro. El nuevo campeón mundial de los pesos completos, el primer campeón mundial de los pesos completos de origen mexicano, el regordete que logró dar una de las mayores sorpresas de la historia del boxeo sólo quería llegar a casa.

Independientemente de si Ruiz estaba consciente o no, los esfuerzos acelerados para contar su historia comenzaron de inmediato. Los productores del programa nocturno de Jimmy Kimmel, transmitido desde Los Ángeles, empezaron a moverse con sus contactos, intentando conseguir a alguien que pudiera conectarlos con Ruiz. Llamaron a un publicista de boxeo que los remitió a otro publicista de boxeo y eventualmente Ruiz apareció en el programa. Entre los invitados de esa noche se encontraban varias estrellas de la cinta X-Men: Dark Phoenix, y ellos hicieron fila para estrechar la mano de Ruiz y posar para fotos con él. "Literalmente, presenciaba una sensación de la noche a la mañana", afirma una fuente ligada al boxeo que estuvo presente. "Hace dos noches, nadie sabía quien era él y ahora las estrellas de cine se comportan encantados con él. Parecía que era su fiesta de graduación". La mayoría de los esfuerzos promocionales de Ruiz se han concentrado en conseguir el patrocinio de la marca de chocolatinas Snickers y cuando se le preguntó sobre su aparición en Jimmy Kimmel Live! expresó: "Estuvo bien. No quería hacerlo al principio, pero estuvo bien".

Ruiz aún no ha perdido su franqueza y las respuestas aún no tienen filtro. Afirma: "La gente habló mal de mí porque dije que Joshua pelea como robot", indica. "No me importó. Yo solo sabía que podía vencerle". Danny, su hermano menor, dice: "Todos seguían pensando en que el gordo no podía hacerlo y no sé por qué. Es como un secreto familiar. Mis amigos o sus padres siempre me preguntaban por Andy y jamás podían ver lo que todos veíamos. Sabemos que él tiene condiciones".

Ruiz ganó más de $5 millones por la pelea (su familia se hizo acreedora de aproximadamente $10,000 apostando por él) y la primera compra que hizo fue un Buick Enclave color rojo oscuro para su madre Felicitas. "Dañé muchos de sus autos cuando era joven", dice. Todos se ríen, aunque la frase es dicha en son de disculpas y no con intención de alardear. Cuando el silencio vuelve a aparecer. Ruiz dice, casi susurrando: "La gente pensaba que no haría nada".

Poco después, Felicitas dice que ella cree que Andy destrozó dos de sus autos. "Creo que eso fue todo", indica, haciendo una pausa para repasar si había olvidado alguno. Danny Ruiz, el hermano de Andy de 19 años, interrumpe cortésmente. "¿Te acuerdas del auto de papá?", pregunta. "También lo dañó".


ELLOS NO QUIEREN contar toda la historia. Alguien les ha aconsejado no contar toda la historia. Revelar toda la historia podría dañar un contrato para vender los derechos de cine o algo similar, se me comenta.

"Debe haber una película", expresa Danny Ruiz. "Con todas las cosas que han sucedido, definitivamente deberían hacer una película. Me encantaría contarte toda la historia, hermano, pero no puedo. Ellos no quieren que lo contemos todo".

Robles entrena a Ruiz y aproximadamente a otros 50 boxeadores en el gimnasio Legendz Gym de Norwalk, una ciudad que caracteriza la indistinguible expansión horizontal de Los Ángeles. El gimnasio es caluroso de la forma en la cual sólo pueden serlo los gimnasios de boxeo, con el sudor y desesperación fundiéndose en el aire para crear una fuerte humedad. La voz de helio de Robles asciende sobre el constante sonido de los golpes a medio esfuerzo contra la bolsa de boxeo mientras un fluir de hombres jóvenes llega al gimnasio y saluda (contacto visual, apretón de manos) a cada persona presente en el salón. Un prometedor púgil de los pesos welter calienta en una caminadora, con su banda sonando como si fuera un pulmón infectado.

"¿Puedes imaginar todas las cosas por las cuales Andy ha pasado?", expresa Robles. "¿Tener sobrepeso y ser acosado durante toda su vida? Debe haber sido muy difícil. Todos tenemos más cosas en común con Andy que con Anthony Joshua. Él le da esperanzas a la gente. Él es el campeón de la gente. Es toda una inspiración".

Ruiz se describe como "uno de esos chicos regordetes que haría alguna cosa atlética y todos me veían diciendo: '¿Qué demonios? ¿Ese niño acaba de hacer eso? Esa es la clase de niño regordete que era yo".

El Valle Imperial, aproximadamente a 20 millas de distancia de la frontera con México cerca de Mexicali, es un lugar difícil. Existen muchas personas que se alejan del buen camino y Ruiz afirma viajado con una buena cantidad de ellas. "Estuve compartiendo con la gente equivocada, haciendo cosas que se supone que uno no debe hacer", dice. "Estuve metido en pandillas. El boxeo me dio disciplina y me alejó de las calles y de las malas esquinas. Cambió mi vida, sabes. El boxeo me alejó de todo el potencial que tenía para hacer el mal".

(Estamos sentados dentro de un salón de conferencias dentro de la distribuidora de cerveza y nuevamente la presencia policial es realmente destacable. Durante la entrevista, el Jefe de Policía de Imperial, Leonard Barry, con un bigote en forma de escoba, se sentó en silencio en un rincón del salón, vigilando con el fin de evitar la posibilidad de que me sintiera lo suficientemente presumido para abandonarlo todo, la entrevista, la noticia, mi carrera, para intentar golpear al campeón mundial de los pesos completos).

Ruiz asistió con su padre a una pelea en Mexicali cuando era adolescente y, por alguna razón, comenzó a divulgarse la especie de que se trataba de un boxeador en ciernes. Nadie lo creyó y así comenzaron las burlas predecibles con respecto a su peso. De regreso a casa, Andy y su padre se detuvieron para comer algo y un grupo de hombres saltó de un auto para golpear a Andy en la cabeza con un tubo.

"No sé por qué lo hicieron", indica Felicitas Ruiz. "Tenía tanta sangre y la cortada fue tan profunda que tuvo que ir al hospital".

Lo que permanece vivo en el recuerdo de Felicitas es lo que estos hombres gritaron a su hijo:

Ven, gordo, veamos qué tan rudo eres.


EL VALLE IMPERIAL es el lugar donde el Sol se relaja. En el día de la conferencia de prensa, el primer día oficial del verano, tenemos una temperatura por debajo de lo normal de 104 grados Fahrenheit, con el viento soplando desde el suroccidente para levantar el tope de cada campo de cebollas y zanahorias y llevarlo por los aires, regando una delgada capa de tierra sobre todo lo que consiga: edificios, carreteras, autos, ropa, piel, cabello, dentaduras. El calor es tan intenso que se mete por los tuétanos y sale del cuerpo.

Probablemente, Ruiz se mudará de aquí. "Para algún sitio más fresco", dice, refiriéndose al clima. Se habla de una bolsa de $50 millones para una revancha contra Joshua. "Ahora tenemos una mega pelea", afirma, "y si algo ocurre (espero que no) y pierdo por decisión en la próxima pelea, podemos tener otro combate y podría ser una trilogía inmensa".

Está agotado. Como bien aprende, la fama instantánea puede ser fatigante. La conferencia de prensa y las entrevistas han terminado. Los oficiales de policía revisan exhaustivamente cada salón y se dirigen a sus respectivos autos. Mañana, habrá un desfile por el pueblo. Pasará por el restaurante de burritos y zarape John's y terminará en el terreno de fútbol americano de la secundaria de la cual jamás se graduó. Estará sentado con su novia Julie, con quien mantiene una relación de vieja data, en los asientos traseros de un flamante Rolls Royce color cimarrón mientras la mayoría de los habitantes de Imperial luchan por guarecerse a un lado de la vía. Estará sentado y mirará todos esos rostros, consciente de que muchos llegaron a reírse de su sueño. Eso está bien, ya no importa. Sólo hay que verle ahora. Este es su momento y él tendrá esa misma expresión de satisfacción consigo mismo, desde el inicio hasta el final: con su cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, su mandíbula adelante y su rostro perfectamente redondo con una media sonrisa. ¿Qué piensas de mí ahora, h-----p--?