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Soledad Matthysse, campeona y abuela, con el boxeo en la sangre

El sol de la mañana entra por una de las ventanas de la pequeña casa ubicada en el barrio de Flores, en la ciudad de Buenos Aires. Un televisor encendido que nadie mira ni escucha, una computadora, el canto lejano de los pájaros y, para complementar la escenografía, están ellos.

Un mate servido -casi infaltable en el folclore argentino-, una amplia sonrisa en ambos y la felicidad que inunda la pequeña y sencilla habitación. No es para menos.

A los 45, cuando muchos deportistas ya se consideran jubilados, Soledad Matthysse acaba de llegar de los Estados Unidos como flamante campeona mundial interina super ligero (63,500 kg) de la Asociación Mundial de Boxeo.

Mario Omar Narváez, “Mauko”, no es solamente su entrenador principal: es también su marido, son padres de tres hijas y abuelos de dos nietos y una nieta en camino.

En la fría noche del 22 de febrero en la ciudad de Detroit, Soledad -conocida como “La Itaka”- le ganó por abandono en la octava vuelta a Samantha Worthington y logró la corona mundial en una noche que quedará para siempre en su memoria. “Aunque en realidad”, dice sonriendo, “Esto recién empieza porque ahora como campeona recibiré ofertas, voy a tener nuevos desafíos y voy a seguir en esto que es el boxeo, que es parte de mi vida”.

Y tiene razón. Su padre, Mario Edgardo, conocido como “El Tordo”, fue boxeador profesional y llegó a combatir con “Locomotora” Castro. Su madre, Doris Steinbach, decidió hacer, aunque sea, una pelea. La hizo y -además- la ganó.

Sus hermanos aportaron lo suyo a la historia. Walter, “El Terrible”, alternó en el primer nivel internacional y Lucas Martín, bautizado “La Máquina” por Jimmy Lennon junior, fue campeón mundial de la Asociación Mundial de Boxeo en peso welter.

El hijo de Walter, Ezequiel, ganó a su vez un certamen del CMB en México.

Todo queda en familia...

Mis hijas deben sentir lo mismo que sentía yo con mi padre, o sea que el boxeo y verlo pelear era tan natural como la vida misma”, dice sonriendo. “Y, cuando hago guantes con mi hija -y los hacemos con mucha fuerza- me encanta no sólo corregirla sino ver que ella disfruta como disfrutaba yo y cómo sigo disfrutando”.

Mario, que también fue boxeador -fue campeón Mundo Hispano mosca CMB- es el hermano de Omar Narváez, campeón mundial de 29 defensas y que ahora dirige a su hijo, Junior, que ya empieza a hacer ruido en el boxeo profesional, ya que es campeón FedelatIn AMB, peso gallo y marcha invicto con 6 peleas ganadas y un empate.

Un mate, una sonrisa y el recuerdo reciente

“A mi rival la habíamos estudiado mucho, en realidad el qué hace eso es él”, dice refiriéndose a su esposo y entrenador. “Lo que yo hago es, ante todo, entrenar a fondo y en pelea escucharlo como si tuviera un cable conectado al rincón y el manejara los botones como una play, lo escucho solamente a él y sigo sus instrucciones”.

“Pero es ella la que pelea” dice Mario. “En esta ocasión las cosas no fueron fáciles, por lo que suele ocurrir en el boxeo: un hotel demasiado lejos del estadio, poco lugar para entrenar previamente, en fin… el único objetivo, apenas llegamos a Detroit, fue la pelea y no nos dejamos preocupar por nada más. Había que ganar o ganar y eso se logró porque ella no se apartó del plan y terminó imponiendo toda su experiencia”.

Edith Soledad suma ahora 21 peleas ganadas, 4 antes del límite, 16 derrotas y un empate. No peleaba desde julio pasado. Entre sus rivales figuran Marcela Acuña y la mexicana Jackie Nava. Nacida en Rafaela, provincia de Santa Fe, el 6 de agosto de 1980, y radicada desde hace años en Trelew ahora, a los 45, supera el récord de María Rivera quien había alcanzado un título mundial a los 44 años.

Ya fue Campeona mundial de la Asociación y el Consejo mundial de boxeo, reinó para la AMB entre 2013 y 2016 y para el CMB fue campeona entre 2015 y 2016. Debutó en el campo profesional en 2007.

Su experiencia abarca peleas en Polonia, Inglaterra, Macedonia del Norte, México y Estados Unidos.

Tal vez por esa inactividad fue elegida para esta pelea, sin tener en cuenta un elemento fundamental y es que, más allá de los números, y hasta de los años, algo que se mantiene fresco como el primer día: la pasión por el boxeo y su corazón de guerrera, lo que hoy se llama resiliencia, que Soledad pone en práctica todos los días.

“Yo tuve momentos muy difíciles en la vida o, mejor dicho, tuvimos junto con Mario. Desde un accidente en auto que significó rodar cuesta abajo y que no tuvo consecuencias porque Dios existe, pero que me dejó absolutamente traumada durante mucho tiempo, hasta algún percance con mis hijas que por suerte no pasó a mayores. Después de ese accidente estuve muy mal, psicológicamente dañada y sin embargo aquí estoy”, dice mientras sonríe y toma un mate amargo.

La familia se integra con 3 hijas: Milagros Aldana, 25 años, Sasha Nahiara Nair, de 24 y María Yanessis, de 22, y madre de sus dos nietos: Lucas Leonel, de 2 años y cuatro meses y Dilan Yariel de un año y un mes.

“Ahora llega el momento de las ofertas y por supuesto voy a estudiarlas bien a fondo” dice Mauko. “A mí me gustaría hacer una defensa en Trelew, pero por ahora lo más importante es disfrutar de este momento”.

Se acerca Federico Wittenkamp, preparador físico de larga trayectoria con gran actuación en los Estados Unidos y que estuvo junto a ellos, como en su momento lo hizo junto a Lucas Matthysse o “El Huracán” Narváez. Hoy junto a Soledad, deposita sueños en su hijo Salvador, de 15 años, que está haciendo sus primeros pasos en el boxeo amateur.

Soledad se estrechó en un abrazo con toda la gente de Trelew y seguramente en algún lugar de su corazón, esa llama de amor y pasión por la vida y el boxeo ardió más fuerte que nunca.