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En la NBA, todo tiempo pasado fue peor

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LeBron veía a MJ como su Ángel de la Guarda cuando tenía 9 años (0:57)

LeBron James confesó que Michael Jordan le ayudaba a sobrellevar los días oscuros que vivió en su infancia. (0:57)

La premisa conceptual para abordar este análisis es la siguiente: no se trata de lo que te gusta, sino de lo que verdaderamente es. Y los números dejan en claro que el básquetbol de la actualidad luce mejor que cualquier versión precedente.

Tras finalizar el documental The Last Dance, recibimos innumerables mensajes acerca del básquetbol que se jugaba en la era de Michael Jordan y Chicago Bulls, y el que se practica en los tiempos que corren. Curiosamente, se confundió nostalgia con progreso, y a partir de ahí se produjo el error en el abordaje.

Desde que el profesor canadiense James Naismith inventó el juego a fines del siglo XIX, la evolución ha sido sistemática. Con la creación del reloj de 24 segundos en la NBA a cargo de Danny Biasone en 1954, y la creación de la línea de tres puntos en 1967 luego del meteórico lanzamiento de Jerry Harkness de Indiana Pacers ante Dallas Chaparrals, el básquetbol ha tenido innumerables modificaciones reglamentarias que le han permitido un avance progresivo.

La mutación del juego de las décadas del '90 y 2000 respecto a lo que vemos en la actualidad, ha tenido que ver con estos cambios de leyes, la concepción del juego por parte de los propios deportistas y cuerpo de entrenadores, y las estadísticas avanzadas que han permitido variaciones recurrentes año a año.

En primer lugar, vale aclarar que el básquetbol de roles definidos que se jugaba en la década del '90 ya no existe. O mejor dicho, ya no existe como existía antes: especialistas defensivos, lanzadores específicos, reboteros monotemáticos, forman parte de una especie en extinción. El juego de los superhéroes, el de Jordan y Kobe Bryant, está bajo llave en un cofre y ya nadie busca recuperarlo. La evolución tuvo un paso de transición por San Antonio Spurs en la década de 2010 para llegar a la excelsa versión de los Golden State Warriors, el campeonato de Toronto Raptors y la primera posición de Milwaukee Bucks en la temporada en curso.

Los puestos definidos han dejado de existir. Ya no hablamos de bases, escoltas, aleros, ala-pivotes y centros, sino que las posiciones son perimetrales e internos. Y próximamente, con el básquetbol de orilla (todos al borde de la línea de tres puntos, en un mismatchup natural que no requiere bloqueos al balón), esta división será obsoleta. La fisonomía del jugador imposible, el que puede hacerse chico para atacar un grande o grande para atacar un chico, hoy tan habitual, supo ser un oasis en el desierto en la década de los '80. Un ejemplo claro: Magic Johnson. La llegada de alguien como Magic se dio sin buscarlo, un armador de 2.06 metros capaz de correr la cancha, con una visión magnífica, que contradecía toda lógica y llenaba a su equipos de alegría y oportunidades.

Magic es el jugador por excelencia que podría haber saltado tres décadas sin mutaciones. Solo con cambio de dietas y gimnasio, hubiese jugado sin problemas en la actualidad. ¿Por qué? Simple: hoy los jugadores imposibles se crean en el laboratorio de los entrenadores. Algunos casos: LeBron James, Giannis Antetokounmpo, Kevin Durant, Kawhi Leonard, Luka Doncic. El concepto de point forward o alero armador, hace algunos años impensado, parece hoy cosa de todos los días. Pensemos solo en la transformación de LeBron, de ser pura explosión en su llegada a la NBA con los Cleveland Cavaliers, a ser un polifunción sin precedentes hoy en Los Angeles Lakers. ¿De qué juega James? De todo. Es el talento ubicuo por naturaleza.

Antes, al jugador que tenía muchos centímetros se lo ubicaba rápidamente debajo del cesto. Hoy es justamente todo lo contrario, se lo empuja a salir de la llave. El poste bajo, tan utilizado en la ofensiva triangular de Tex Winter en Chicago Bulls, ya parece ser otro espacio que solo encuentra destino en el relicario de los recuerdos. Quien no tiene tiro externo, no puede jugar más en la NBA. No solo porque deja de ser una amenaza en sí mismo, sino porque se convierte en un entorpecedor de tráfico para el resto de los compañeros. Si la defensa le flota al atacante, si no lo percibe como un peligro, entonces todo se hace sencillo. No es casualidad que jugadores como Rajon Rondo o Tony Parker, estrellas carentes de tiro de tres puntos certero a lo largo de su carrera, hayan perdido protagonismo en los últimos años hasta desaparecer.

"Antes, si el entrenamiento era a las 10 de la mañana, el primer jugador llegaba 9 y 20, y el último 9 y 50. Hoy, el primero llega 7 y 15 y el último a las 8. Cambió todo, porque ya nadie puede dar un milímetro de ventaja. Y aprendimos mucho: de dietas, de gimnasio, de técnica individual, de todo", dijo Luis Scola en el programa Frente a Frente de ESPN, en un análisis comparativo de su llegada a la NBA en 2007 y su salida una década después.

NÚMEROS, NÚMEROS Y MÁS NÚMEROS

Veamos dos estadísticas interesantes para contemplar la diferencia entre una época y otra: el ritmo de juego y el true shooting (o lanzamientos reales).

El pace o ritmo de juego consiste en el número de posesiones a las que juega un jugador o equipo a lo largo de 48 minutos. En el caso del true shooting, mide la eficiencia en el lanzamiento tomando en cuenta los tiros acertados de dos puntos, tres puntos y tiros libres. Dos apartados que regulan hoy a los equipos y permiten comprender la diferencia entre una época y otra.

Hoy, gracias a la estadística avanzada, los equipos evitan los tiros de media distancia porque se ha comprobado que son los menos efectivos. Y si se va a intentar un lanzamiento "más peligroso", interesa entonces que valga un punto más. En definitiva, o se tira dentro de la llave (mayor efectividad) o detrás del arco, fórmula edificada por los Houston Rockets y su moneyball en el mundo NBA.

Eliminemos, además, dos preconceptos: se dice que el juego de antes era más físico que el de ahora, pero es una falacia. Lo mismo acerca de la defensa: ¿quién inventó que en la NBA hoy no se defiende? Con el nacimiento del básquetbol de la polifuncionalidad extrema, del lanzamiento multiposición, controlar esa clase de atacantes se hace increíblemente complejo.

"Si no defendés no jugás, tenés que ser muy bueno para hacerlo. Por ejemplo, si tenés que jugar contra Houston, y no tuvieran cuatro tiradores rodeando a Russell Westbrook o James Harden, sería más fácil. Si uno de los tiradores tuviera un 25% de acierto en triples, su defensor estaría en la pintura esperando a que llegaran Westbrook o Harden. Que se la den a él y que te gane él con un 25% en triples. Por eso, la defensa es muy táctica y se intenta ser muy efectivo en esa área. No coincido en el pensamiento de que en la NBA no se defiende. Se juega muy rápido y es difícil defender esas acciones", dijo Pablo Prigioni, asistente de Minnesota Timberwolves, al periodista Carlos Altamirano en un Instagram Live.

Los biotipos de los jugadores tienen en la actualidad un desarrollo que no se compara con versiones anteriores. Antes, el juego era más agresivo, pero definitivamente no era más físico. Más golpes desleales, menos control del arbitraje sobre acciones peligrosas. Hoy, no se permiten el chequeo de manos, el reglamento favorece al ataque y eso empujó a la velocidad. Las estrellas NBA de 2020, optimizadas en el gimnasio y con suplementos deportivos de excelencia, juegan "encima del aro". Hay una escena en The Last Dance que resulta simpática: los integrantes de los Bulls intentando lanzamientos "imposibles" en 45 grados, a unos 10 metros de distancia. Muchos de ellos no llegan al aro y Jordan anota y festeja. Debo ser franco: esos son los tiros que Stephen Curry ejecuta cada noche en su repertorio.

Vamos a los números: durante su primer Three-Peat en la década del '90, los Bulls tuvieron un ritmo de 94.2 puntos cada 100 posesiones. En el segundo Three-Peat, fueron 90 puntos cada 100 posesiones. Específicamente en el año de los 72 triunfos y 10 derrotas, temporada 1995-96, un ritmo de 91.1. Comparemos: los Warriors campeones de 2017-18, 100.35. Los Raptors campeones de 2018-19, 100.52. Y los Bucks actuales, tenían a la fecha de suspensión de la temporada un ritmo de 105.36. En 2019-20, Charlotte Hornets fue el peor equipo en ritmo de la NBA con... 96.24. Es decir, hoy la franquicia más debil de toda la Liga es infinitamente superior en este apartado a los Bulls superpoderosos de 1996.

Sigamos: los Lakers campeones de 2001-02, eran el 6º equipo más rápido de la NBA con un ritmo de 93.32. Los Phoenix Suns de Mike D'Antoni, con su ofensiva de siete segundos o menos que parecía la más veloz del lejano Oeste por escándalo, tenía un ritmo de 96.92. Olvidemos, entonces, todo lo que creíamos saber: los números nos ayudan a entender y por ende a convencernos.

Ahora veamos el true shooting o lanzamientos reales en grupo: el ritmo de los Bulls en 1998 era exactamente de 90.3 con 51.6% de TS. Respecto a la actualidad, la diferencia es abismal: al ritmo de 105.36 que contábamos de los Bucks, se le suma un 58.3% en true shooting.

En conclusión, el básquetbol es infinitamente mejor ahora, porque combina más precisión en muchísima mayor velocidad.

A MODO DE CONCLUSIÓN

¿Jordan podría haber jugado en esta época? Estoy absolutamente seguro que sí, pero sin dudas su tiro de media distancia en suspensión, toda una marca registrada, sería, al menos, discutible. O analizado al extremo y posiblemente modificado por más cantidad de intentos detrás del arco. También su estilo por momentos unipersonal. Otro comparativo: los Bulls de 1995-96 intentaban 16.5 triples por partido. Por citar un ejemplo de hoy: los Bucks 2019-20 intentan 38.6 y son el cuarto equipo en toda la Liga. El que domina, Houston, intenta 44.2 por noche.

En definitiva, el básquetbol, como el resto de los deportes, está en constante progreso. Hay que diferenciar gusto de realidad: en mi subjetividad, nunca disfruté tanto un estilo como con San Antonio Spurs en 2014. Ese juego de pases fue mi escuela preferida en materia de forma, pero cuando voy a los números y veo que su ritmo en aquel título fue de 95.87, entiendo que podrían hacer poco ante los equipos elite de la actualidad. Sin embargo, para que existan los equipos de hoy, se necesitaron los de antes. Así funciona siempre la teoría de la evolución.

Y entonces, como ocurre con todas las especies, cuando el entorno se modifica, es adaptarse o perecer.

En la NBA, todo tiempo pasado fue peor.

Los números, ahora, están a la vista.