En la noche en que María Sharapova confirmaba su retorno al tenis, nos mostró, durante la entrevista concedida a ESPN Digital, su otra faceta, la que se aparta de la competidora que disputa con fiereza y con su grito distintivo, cada punto, cada set, en las canchas del deporte blanco.
Es la imagen de la mujer vanidosa, coqueta, segura de sus atributos físicos, de su hermosura y, por eso, ella, cada vez que puede, hace gala de su femeneidad. Algo que evidenció con motivo de su asistencia a la ceremonia de la entrega de los premios Oscar.
"Fue muy divertido, a pesar de que terminamos bien noche y luego yo tenía mi entrenamiento por la mañana. Pero, bueno, a mí siempre me ha parecido que es una magnífica idea la de poder combinar, en un mismo día, un duro entrenamiento, sudar a más no poder, y por la noche, acudir a una fiesta.
"Me encanta vestirme bien, salirme un poco de mi elemento cotidiano para asistir a un evento como ese, junto a mis amigos y amigas. Lucir bien, maquillarme y sentirme bonita. Ponerme un vestido hermoso, me produce una sensación diferente a lo que hago todos los días en el gimnasio, que es el ejercicio, el esfuerzo, el sudor. Son diferentes perspectivas, pero siempre, muy divertidas".
Recibiste muchos elogios de la crítica, por la buena forma que luciste con tu vestido azul…
"Si, considero que estaba radiante. ¿Te gustó?", preguntó, con un toque de coquetería. 'Claro que sí, me gustó mucho'. "Gracias".
¿Qué tanto te atrae Hollywood?
"Es una pregunta interesante. Porque conozco a demasiada gente en esa industria y yo respeto mucho su trabajo, porque siempre encuentro cosas que tenemos en común. Formas de vida, éticas de trabajo. Pero no siento que sea algo en lo que yo podría incursionar. Me encuentro demasiado concentrada en mi carrera, en el tenis, y por ello, honestamente, no tengo tiempo para ninguna otra cosa".
Cuando el equipo de trabajo de ESPN llegaba, al fin, al lugar correcto para la cita con la afamada tenista, María hablaba frente a una audiencia de unas 50 personas, entre reporteros, invitados, y un ejército de representantes de la agencia de relaciones públicas y los asesores personales de la deportista. En la entrada del salón, se podía ver un enorme estante hecho de hielo, en donde se colocaron varias botellas de Evian, un lugar donde todo mundo se tomaba la foto.
Casi todos los asistentes, siguiendo las indicaciones de etiqueta que se establecían en la invitación, ‘chic & white’, vestían de blanco. Los hombres, casual. No era un evento para vestir formal, ni nada parecido. María lucía los seis pies y dos pulgadas de su figura esbelta, escultural, con un atuendo, blanco, obviamente. Un vestido sin mangas que recorría casi toda su anatomía, hasta más allá de las rodillas, con un estampado obscuro, en forma de franja diagonal que bajaba por su pierna izquierda.
