<
>

La triste realidad

ESPN

El martes se confirmó lo que desde hace días se sabía. Morelia dejó de ser plaza para la Primera División del Futbol Mexicano y su lugar lo ocupará ahora Mazatlán. Los dueños del equipo, Grupo Salinas en este caso, tomaron su decisión.

Entiendo perfectamente la frustración de la gente en Michoacán y de la mayoría de aficionados a la Liga MX que ven en la mudanza un “cachondeo” -uno más- a las formas de hacer las cosas en el futbol mexicano. Pero más allá de compartir corajes o reproches, lo que al final faltan son argumentos válidos para tachar la medida o, como se buscó hacer, incluso impedirla.

Los manejos en nuestro futbol nos podrán gustar más o menos. Podemos debatir todo el tiempo que queramos sobre si las cosas se hacen bien o mal. Pero tenemos que entender que ese debate y esa postura asumida es siempre según nuestro criterio que no tiene por qué ser el mismo que el de los demás. Al final, la toma de decisiones dentro del futbol mexicano les corresponden sólo a los dueños, a los socios del negocio, y no a la prensa ni a la afición.

Con esto no quiero sonar resignado; sí en cambio realista. Los equipos en México no son clubes deportivos, es decir, sus aficionados no son socios y por ello no tienen poder de decisión. Triste pero cierto. Los equipos les pertenecen a empresas privadas. Y como en cualquier otro negocio, el dueño de algo hace y decide con eso un poco lo que le de la gana o lo que más le convenga a él y a su bolsillo. La popularidad o el arraigo que pueda tener ese negocio no alcanza para quitarle el derecho.

Y sí, me refiero en este caso al equipo de futbol como un negocio porque eso es lo que es. Hoy, incluso, por encima de cualquier otra cosa. Y ojo, esto no sólo en México como siempre pretendemos creer.

La consecuencia más dura pero también más real que le ha dejado la pandemia del Covid-19 al deporte, al futbol en particular, se refleja en lo económico. En España, Italia o Inglaterra se habló siempre de los más de mil millones de euros en pérdidas que supondría no reiniciar las ligas. En las oficinas de la FIFA o de la UEFA uno de los debates centrales fue la extensión de contratos. Los ERTE fueron una constante en los equipos españoles.

Otro deporte, como el béisbol de Grandes Ligas por ejemplo, se encuentra en plena negociación sobre el calendario y su número de partidos con el fin de que los peloteros no se vean tan afectados en sus sueldos. La NBA ha manejado cifras millonarias que podrían dejar de recibir sus grandes estrellas.

Todo el efecto por el coronavirus dentro del deporte se ha contado en dólares porque el deporte profesional es un negocio. Y el futbol mexicano no es una excepción.

Por eso regreso al caso de Morelia. ¿Qué argumento real o hasta legal se puede poner sobre la mesa para evitar que un equipo cambie de sede en el futbol mexicano? La nostalgia por el pasado -40 años de futbol profesional en una ciudad- o la tristeza está claro que no alcanzan.

El ideal del futbol demanda un sentimiento de identidad por un equipo. Que un barrio o una ciudad entera se sientan representados por una camiseta debería de ser, en lo deportivo, una premisa básica para cualquier club. No tiene por qué serlo desde el punto de vista del negocio. Por triste que nos parezca.