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Cuenta regresiva, a 9 días: Chile, el bicampeón en desgracia

Chile buscará recuperar su mística pero no la tiene fácil Getty Images

Para el fútbol de selecciones, tres años no parece demasiado tiempo. Los procesos son más largos, los partidos más escasos y la renovación se hace de forma paulatina. Sin embargo, en ese tiempo todo cambió de forma rotunda para el seleccionado chileno, actual bicampeón de América. Incluso suena extraño esa denominación para un conjunto que vivió los últimos meses entre la frustación de no jugar la Copa del Mundo de Rusia, los problemas internos, las dudas sobre el cuerpo técnico y la falta de jóvenes capaces de reemplazar a las antiguas glorias.

Cuando en 2016 el conjunto dirigido por Juan Antonio Pizzi venció a Argentina en New Jersey y revalidó el título logrado un año antes en el estadio Nacional, el fútbol chileno tocó el cielo como nunca antes lo había hecho. Si la victoria en casa fue la ratificación del mejor momento de la historia de la Roja, la consagración en la Copa Centenario fue un golpe de autoridad sin precendentes, suficiente como para sentar a Chile entre los grandes del continente por un largo tiempo. Pero todo lo que vino después fue retroceso y hoy nadie se anima ni a soñar con un posible tricampeonato.

Los resultados posteriores a aquella segunda final con la Albiceleste son lapidarios y no necesitan mayores explicaciones. El proceso más exitoso llegó a su fin de manera abrupta y eso se ve no solo en el juego sino también en los números. La eliminación del Mundial fue el hecho más concreto y doloroso, aunque no el único. El subcampeonato en la Copa Confederaciones no fue más que un espejismo, porque la realidad tenía mucho más que ver con el 0-3 ante Paraguay en Santiago.

El final del ciclo se terminó de evidenciar con la presentación de la convocatoria para esta Copa América. Reinaldo Rueda decidió dejar afuera a Claudio Bravo y a Marcelo Díaz, dos históricos que fueron víctimas y victimarios de los problemas internos de un grupo de futbolistas que no pudo o no supo reinventarse tras los éxitos. Esa es otra de las grandes razones de la decadencia.

La marginación de Bravo y Díaz, dos piezas fundamentales de ese equipo ganador, es el punto y final a una historia de desencuentros que explotó en octubre de 2017, cuando Chile quedó fuera del Mundial de Rusia. La esposa de Bravo se desahogó en las redes sociales y afirmó que Chile no se había clasificado para Rusia 2018 porque algunos jugadores eran juerguistas y borrachos. Poco después, la suegra del arquero ahondó en las críticas y culpó directamente a Arturo Vidal.

Esas declaraciones y el silencio de Bravo incendiaron el vestuario chileno, especialmente el núcleo duro, y marcaron el quiebre definitivo. El arquero y Marcelo Díaz, este último acusado por sus compañeros de filtrar información a la prensa, quedaron sentenciados por el grupo liderado por Vidal y Gary Medel.

Con este panorama desolador, el colombiano Reinaldo Rueda tomó las riendas del equipo a comienzos de 2018. Su misión era clara: comandar un cambio generacional e introducir paulatinamente jugadores jóvenes con el Mundial de Catar 2022 como destino final. La tarea, sin embargo, está siendo extremadamente compleja para el colombiano. Muchas de sus apuestas han tenido un rendimiento deficiente y las sombras de Bravo y Díaz lo han perseguido desde el primer día, pese a que ninguno de los dos ha sido convocado por el técnico.

Rueda se reunió hace algunas semanas con el arquero en Manchester y todo parecía indicar que formaría parte de la lista final de 23 convocados, pero no fue así. ¿La razón? El seleccionador dijo que por la falta de rodaje tras recuperarse de una grave lesión en el tendón de Aquiles, pero la prensa local reveló que Vidal y otros futbolistas habían presionado a Rueda para que no convocara a Bravo.

Finalmente, Rueda apostó por una nómina de jugadores en la que la mitad de los futbolistas no estaban en la Roja que triunfó en la Copa América Centenario, disputada en 2016 en Estados Unidos. Pese a este amago de renovación, los futbolistas llamados a liderar el equipo en Brasil son los mismos de los últimos años.

Gary Medel, Charles Aránguiz, Arturo Vidal y Alexis Sánchez son los principales estandartes de la Roja y tienen un sitio asegurado en el equipo titular.

El técnico colombiano también ha decidido llevar a Brasil a algunos futbolistas por los que siente una especial predilección pese a que su rendimiento es muy cuestionable. Es el caso de los atacantes Junior Fernandes, Ángelo Sagal y Diego Valdés. Han disputado muchos minutos con la Roja en el último año y medio con pocos aciertos, pero cuentan con la plena confianza de Rueda. Además, Guillermo Maripán, en el eje de la zaga, y Erick Pulgar, en el centro del campo, se perfilan como dos jugadores importantes para la Roja en la Copa América y la fase de clasificación para el próximo Mundial.

Chile ya no es ese seleccionado capaz de vencer a cualquiera, con una fortaleza mental impresionante y una idea de juego afianzada. Hoy, es un equipo en formación que necesita un par de buenos resultados para recuperar sensaciones y creer que puede volver a competir. Nada más que eso.