Demian Maia: Mi vida como luchador

Demian Maia, quien presumiblemente es el mejor practicante del agarre en la UFC hoy en día, ha hecho un poco de todo en su prestigiosa carrera. Sus destrezas de élite en el jiu-jitsu brasileño le han ayudado a someter a algunos de los peleadores más temidos de las artes marciales mixtas en el transcurso de los años y ha competido por títulos en múltiples ocasiones.

Maia hará su incursión número 29 en el Octágono este sábado, para enfrentarse a Lyman Good en Fortaleza, Brasil. Es una pelea crucial para él, considerando que ha perdido sus tres combates más recientes de forma consecutiva. Con miras a este difícil enfrentamiento, Maia, de 41 años, conversó con ESPN con respecto a su larga carrera tanto en las Artes Marciales Mixtas como en el jiu-jitsu y lo que el futuro le podría deparar.


Comencé a entrenar judo cuando tenía 5 años. No sabía mucho. Simplemente, mi mamá me llevó a mi hermano y a mí a practicar algo de judo porque éramos muy enérgicos. Lo hicimos durante unos cuantos años. No sé por qué dejamos de hacerlo, pero volví a intentar otras formas de artes marciales, como el Kung Fu y Karate cuando tenía 12 años y desde entonces, nunca me detuve.

Pasé del Kung Fu al jiu-jitsu (a los 19 años) porque veía peleas y los chicos que hacían jiu-jitsu lo ganaban todo. Me dije a mí mismo: ‘Quiero hacerlo’. También se trataba de un arte marcial de origen brasileño, por ello, la cultura aquí era mayor a la de un arte marcial tradicional del lejano Oriente. Tan pronto como comencé a practicarlo, me enamoré del jiu-jitsu.

Durante el primer mes, entrenaba una vez al día; aunque después de un par de meses, comencé a entrenar por lo menos dos veces diarias. En ocasiones, también levantaba pesas, algo que no había hecho anteriormente. Vivía para el jiu-jitsu.

La ética de trabajo con la que contaba y el amor que sentía por esta disciplina me hizo entender que podía llegar lejos. En ese entonces, a finales de los años 90, había gente que comenzaba a hacerse profesional. Podías ganarte la vida con ello. Siempre pensé en convertirme en peleador, pero no era una opción entonces, porque no había demasiados profesionales combatiendo. No pensaba en ganarme la vida con las peleas. Pensaba en convertirme en profesor o entrenador, competir en torneos para así ganarme la vida con ello.

Fue un día muy emotivo (cuando recibí mi cinturón dorado). Lloraba. No podía creer lo que estaba ocurriendo. Era uno de los mayores logros de mi vida. Sigo recordando hoy en día que esperaban que dijera unas palabras y no podía hacerlo, me costaba conseguir decir algo. Me fue otorgado por Fabio Gurgel cuando tenía 24 años. Necesité cuatro años y medio para conseguirlo.

En mi academia, eso fue muy rápido porque en esa academia, mi entrenador era muy estricto. Nadie se hacía acreedor de ese cinturón sin al menos siete años de entrenamiento muy fuerte. Pero ganaba en muchas ocasiones. Y cuando no estaba entrenando, estaba impartiendo clases con los profesores de allí, mayores que yo. Y cuando no estaba en la universidad, entrenaba, impartía clases y trabajaba en el jiu-jitsu.

Vi el campeonato mundial de la ADCC en 1998 en Abu Dabi. Lo vi y me dije: ‘Este es el paso perfecto para dar antes de pasar a las artes marciales mixtas’. Competir en no-gi. El jiu-jitsu giraba todo en torno al no-gi en aquel entonces. Ayudaba a los muchachos mayores que yo que iban a competir en eso y finalmente me impuse en las pruebas y pude competir. Gané el segundo puesto en 2005 y en 2007, finalmente gané la competencia.

Tuve mi primer combate profesional en Venezuela en 2001: también fue mi primer viaje internacional fuera de Brasil. Fue una gran experiencia. En 2005, viajé a Finlandia y gané. Al año siguiente, participé en un torneo en Brasil con tres combates en una misma noche. No era favorito y sin embargo gané las tres peleas.

En 2007, peleé en Ohio. Volé hasta Chicago, me quedé entrenando con unos amigos, fui hasta Ohio, peleé este combate y lo gané, regresé esa misma noche a Chicago llegando a las 6 de la mañana. Impartí una clase en Chicago de 7 a 8 de la mañana, de 8 a 9, de 9 a 10, de 10 a 11 y de 11 a 12.

Tras seis peleas, mi récord fue de 6-0. Mi agente en aquél entonces dijo que había hablado con algunas organizaciones y casi terminamos firmando en ese momento con K-1. No funcionó. También conversó con la UFC y pactamos con ellos en 2007.

La única ocasión en la cual me golpearon sumamente fuerte fue en mi primera derrota contra Nate Marquardt. Me golpeó cuando corría hacia él. Caí y me noqueó. Tan pronto como caí en el suelo, me desperté. El árbitro detuvo el combate porque estaba algo fuera de mi. Ese fue el único golpe verdaderamente fuerte que he recibido en toda mi vida.

Pelear contra Anderson Silva fue una experiencia interesante. En esos tiempos tenía en mi haber aproximadamente 12 combates. La experiencia de viajar hasta Abu Dabi y pelear allí por primera vez fue algo grandioso. Lo principal que comprendí es que pude asumirlo como un peleador de verdad. Contaba con apenas 12 combates y no tenía mucha experiencia. Cometimos muchos errores (no pude derribarle); sin embargo, pude asumir la pelea y me mantuve en pie contra él durante todos los cinco asaltos. En mi caso, antes de la pelea, no estaba seguro si eso era posible.

Creo que era demasiado inmaduro cuando participé en esa pelea. Pero no puedo cambiar como fueron las cosas. Aprendí de esa experiencia. Miro atrás, no con tristeza, sino feliz por como terminaron las cosas.

La pelea contra Carlos Condit dio algo de miedo porque se trata de un hombre que noquea a quienes se atreven a enfrentarlo. Me dije: ‘Imagínate si voy y trato de tumbarlo para terminar con una rodilla voladora golpeando mi rostro’. Ha sido un campeón. Llego allí y es la pelea estelar de la noche en Vancouver. Se trata de un lugar en el cual había peleado previamente y perdí, por eso, estaba en mi mete. Gané de forma realmente rápida, con una sumisión en el primer asalto sin recibir golpe alguno. Fue una gran experiencia.

Siempre es difícil pelear contra luchadores porque éstos son capaces de evitar mis golpes de forma efectiva. Cuando vi (a Chael Sonnen) en frente de mí, vi lo inmenso que es. Mucho más grande de lo que yo pensaba. Tenía mucha presión encima porque pensaba pelear por el título. Cuando llegué al O2 arena, lo miré y entendí que era mucho más grande de lo que se vio en los pesajes. Comencé la pelea con algunos jabs. Luego mantuve la guardia y pude golpearle por debajo. Nos mantuvimos en pie.

Entendí que no podía tener una oportunidad limpia para derribarle. Me sostuve e intenté un movimiento que enseñé durante muchos años en defensa personal. Caí y entré en el triángulo.

Si pierdes en tres ocasiones (consecutivas), ahora hay que ganar. Para eso he trabajado, para ganar. Lo deseo con todas las fuerzas posibles.

Hay que poner las cosas en perspectiva: perdí contra los tres mejores del mundo. El campeón, el hombre que fue campeón interino y ahora, la persona que va a luchar por el título y cuenta con buenas posibilidades de convertirse en campeón. Esas derrotas fueron contra hombres en el nivel máximo, el más alto y también vienen de la lucha libre. Es difícil para mí pelear contra luchadores porque son efectivos contra mis intentos y mi juego a nivel de suelo.

Quiero ser recordado como un hombre que sale a representar al arte del jiu-jitsu. Quiero demostrar que, en un deporte violento como el nuestro, no se necesita herir a nadie para poder ganar. Ocurre en ocasiones, pero se puede salir y ganar de manera limpia.

Veo (que mi retiro se aproxima), pero no se debe a una caída en mi nivel. Se debe más a que quiero contar con tiempo para hacer otras cosas. Cuando se es peleador profesional, prácticamente vives para entrenar porque nunca sabes cuando podrías ser convocado a un combate. Si me retiro después de las tres peleas que quedan en mi contrato, se deberá a que quiero dedicar esfuerzos y energías a otros aspectos de mi vida, como mis academias por todo el mundo, mis seminarios, la televisión y quizás un podcast que quiero hacer. No tengo tiempo para hacerlo todo en estos momentos. Esa es la única razón por la cual pienso en el retiro.

Me quedan tres peleas en mi contrato. Después de esos tres combates, decidiré si deseo continuar o no. También quiero ver cómo me va en esas tres peleas. Tengo 41 años. No sé cómo me sentiré dentro de un año. Si decae mi desempeño, pues no quiero seguir. No quiero terminar con daños cerebrales o algo así, porque quiero segur adelante. Siempre y cuando me vaya bien, seguiré adelante.