Edgar Rentería, un ejemplo de superación

Edgar Rentería nació un 7 de agosto, el Día de la Bandera colombiana y de la histórica Batalla de Boyacá ganada por los hombres de Simón Bolívar. Un guiño del destino, como si Colombia tuviera reservada esa fecha para sus héroes.

En la casita de tablones del barrio Montecristo, de Barranquilla, los ocho hermanos Rentería se acomodaban como podían. Edgar tenía que compartir el colchón con su hermano Edinson. Dormían en el suelo y cuando llovía, no dormían porque la casa se inundaba por las goteras en el techo. Su padre, Francisco, falleció de un infarto fulminante cuando Edgar tenía dos años y los crió su madre, Visitación, que vendía pescado y hacía trabajos de limpieza para que hubiera algo de comer.

El viejo estadio Tomás Arrieta quedaba a pocas cuadras y Edgar siempre andaba por allí jugando al béisbol o al fútbol; los dos deportes le gustaban y lo hacía como hobby.

Fue Edinson quien vio que en su hermano había algo. Él le dijo que dejara el fútbol y se dedicara sólo al béisbol. Las cosas, por supuesto, no eran fáciles. Con bolsas de cemento vacías se fabricaban los guantes, cualquier palo servía como bate y usaban pelotas de trapo cuando no tenían la suerte de que les cayera del cielo alguna lanzada desde el estadio.

Los buscadores de talentos de los Florida Marlins, de Miami, se lo llevaron en cuanto terminó la escuela. Empezó jugando en distintos equipos de las ligas menores de los Estados Unidos y para 1996 su rendimiento ya lo había instalado como la mayor promesa de la franquicia de Florida. Ese año los Marlins lo hicieron debutar en la Liga Nacional. Edgar no les falló y al terminar el torneo quedó segundo en la votación al novato del año.

Todavía faltaba lo mejor. En 1997, ya afirmado como uno de los grandes campocorto del mundo, fue determinante en la clasificación de los Marlins a los playoffs por primera vez en la historia del equipo. Y un hit suyo abrió paso a la carrera decisiva para ganar la Serie Mundial.

En 1999 pasó a los Cardinals de Saint Louis, que verían sus mejores actuaciones personales. En sus cinco años en Saint Louis ganó tres veces el Bate de Plata por su juego ofensivo, dos el Guante de Oro como mejor campocorto y en tres ocasiones fue seleccionado para el Juego de las Estrellas.

Tras pasar por los Boston Red Sox, Atlanta Braves y Detroit Tigers convertido ya en una de las grandes figuras de la MLB, en 2009 llegó a los Gigantes de San Francisco, con los que obtendría una nueva Serie Mundial y su mayor logro a nivel individual: MVP de las finales en 2010, gracias al jonrón que le dio el título al equipo de la Costa Oeste. Se retiró en 2014 siendo el mejor beisbolista de la historia de Colombia.

El viejo Tomás Arrieta fue demolido en 2016. El estadio de béisbol de Barranquilla hoy se llama Edgar Rentería y en la entrada hay una estatua suya. Es el héroe de la ciudad y no sólo en lo deportivo. Cuando lo eligieron MVP en 2010 pidió que Barranquilla no le hicieran homenajes y que destinaran el dinero a los damnificados por las inundaciones. Antes y después, siempre colaboró con acciones solidarias que por pedido de él, no tuvieron centimetraje en la prensa. "Hay que ayudar y que no se sepa”, dice el campeón. En Saint Louis hizo construir una cancha para que los chicos pobres de la ciudad pudieran jugar al béisbol. En las navidades se viste de Santa Claus para repartir juguetes en los barrios de Barranquilla, donde su asistencia es permanente. Quienes lo tratan dicen que es tan tímido y sencillo como cuando era un niño. Para él, “lo más bonito es que la gente lo quiera a uno".