El padre de la final

BUENOS AIRES -- "Jugando bien, queriendo agradar, apostando por un fútbol ofensivo, tienes más posibilidades de ganar que especulando". La frase parece una obviedad, pero tras este Mundial repleto de equipos mezquinos y con pocos Seleccionados que apuestan por el juego de ataque, adquiere una importancia superlativa.

El autor de esta máxima es el hombre en común que tienen los dos finalistas de la Copa del Mundo, uno de los personajes más influyentes de la historia del fútbol, tanto en su función de jugador como de entrenador. Johan Cruyff fue el alma de la Naranja Mecánica y el padre de uno de los equipos más importantes de todos los tiempos en España: el Dream Team del Barcelona.

En aquel Seleccionado holandés dirigido por Rinus Michels, el Tulipán de oro fue el mejor intérprete de la revolucionaria idea del fútbol total. Con el catorce en la espalda, se convirtió en leyenda tras el extraordinario Mundial de 1974, en el que cambiaron este deporte para siempre pese al accidente de la derrota en la final frente a Alemania.

Cruyff tenía habilidad, pero también potencia. Era veloz, pero también inteligente. Era elegante, pero sabía cuándo luchar. Ningún otro jugador europeo lo igualó y posiblemente nadie lo iguale jamás. Fue un talento individual inconmensurable, aunque la mayor virtud de aquella Holanda era el juego de equipo.

Ganó todo lo que se puede ganar en el Ajax, pero su legado va más allá de los trofeos. Él convirtió a Holanda en una potencia, porque después de la Naranja Mecánica, el fútbol de los Países Bajos se ganó un lugar en la consideración de todos. Fue el líder del último equipo revolucionario, el cerebro de un maravilloso intento de mejorar este juego.

Tras su retiro de la actividad profesional, se dedicó a ser entrenador y logró algo casi imposible: igualar su valor en un equipo, esta vez desde afuera de la cancha. Hasta su arribo, el Barcelona era un gran club pero vivía a la sombra del poderoso Real Madrid. Había ganado varios títulos locales aunque nunca había logrado trascender en el ámbito internacional. Era necesaria una presencia mágica para cambiar la historia.

"Todos los entrenadores hablan sobre movimiento, sobre correr mucho. Yo digo que no es necesario correr tanto. El fútbol es un juego que se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde". Cualquier semejanza de esta idea con la que hoy profesa la Selección de España no es pura coincidencia.

Con este fundamento llegó al Barça a principios de los noventa y cambió para siempre las ambiciones del club catalán. Ganó la Liga de Campeones gracias a un concepto que es adoptado como propio por cualquier niño que se ponga la camiseta azulgrana. Aún hoy sobrevive ese modelo, que es la principal razón del éxito español.

Xavi Hernández, Carles Puyol, Gerard Piqué, Pedro Rodríguez, Andrés Iniesta, Sergio Busquets, Cesc Fábregas. Siete jugadores, seis de los cuales son titulares, aprendieron a jugar al fútbol viendo a un equipo de Cruyff dar cátedra. Eses es el argumento por el cual hoy se destacan como los mejores del planeta.

España y Holanda jugarán la final del mundo en busca de su primera Copa. Mucho tiene que ver en esto un solo hombre: Johan Cruyff.