Colombia pelea por conquistar la cima del Tour

Nairo Quintana, Arley Bernal y Rigoberto Uran. Getty Images

El colombiano no iba a darse por vencido.

Se había metido en el corte de elite en la última subida de una etapa de montaña clave del Tour de France 2017. Salió pedaleando del accidente ocurrido en la peligrosa bajada que se cobró dos víctimas y dañó su descarrilador, y de alguna manera se las arregló para esprintar con el pequeño grupo a pesar de contar con una sola marcha.

En la última curva, Jakob Fuglsang de Astana saltó primero, pero el colombiano cerró la brecha con serenidad y trabajando con un cambio enorme, y luego comenzó su propio sprint con menos de 200 metros por delante. Detrás, Warren Barguil de Sunweb se acercaba rápidamente, pero el colombiano sacó fuerzas de algún lado y embistió hacia la línea de meta con un último empujón para llevarse un triunfo reñido.

Quizá lo más importante sea que saltó siete lugares, al cuarto puesto general, apenas 55 segundos detrás del líder y múltiple ganador del Tour, Chris Froome, quien luego describió al colombiano como "mi principal amenaza".

Si antes de ese Tour les hubieran pedido a los fans que pronosticaran qué colombiano podría poner a prueba a Froome, la elección más evidente habría sido Nairo Quintana, quien tenía tres podios. Pero Quintana no estaba adelante ese día. El nuevo rival de Froome era Rigoberto Urán.

Urán suele pasar desapercibido. A pesar de haber terminado segundo varias veces en el Giro de Italia, nunca había terminado más que 23ro en el Tour de France. Se creía que después de 13 temporadas en el ciclismo profesional, sus mejores temporadas ya habían quedado atrás. Pero Urán validó el comentario de Froome y terminó segundo en París con una diferencia de 54 segundos. Es lo más cerca que ha estado un colombiano de ganar la carrera más importante del ciclismo.

El ciclista de 31 años está realizando un nuevo intento en el Tour de France (7-29 de julio). Y no está solo. Quintana también está ahí, con otros cuatro colombianos, entre ellos Egan Bernal de Team Sky, el joven talento más prometedor del país sudamericano, y el sprinter Fernando Gaviria, quien ganó la primera etapa el sábado y fue el primer colombiano en vestir la camiseta amarilla en la historia del Tour. Casi 35 años después de la primera vez que Colombia saboreó el éxito en una etapa del Tour, y tras largos años que vieron pasar equipos y talentos sin grandes hazañas, uno de los países más fanáticos del pedaleo en el mundo intentará responder afirmativamente la pregunta: ¿Alguna vez un ciclista colombiano logrará ganar el Tour de France?

Claro, dice el español Alberto Contador, uno de los mejores de la historia en las Grandes Vueltas. "Colombia va a ganar el Tour algún día", le dijo a principios de este año a El Tiempo, el diario más leído de Colombia. "Es una generación impresionante [de ciclistas], y la que se viene es muy interesante, con muchos nombres a tener en cuenta".

Lo más sorprendente del resurgimiento de Colombia es su calidad. Ningún país, ni siquiera las potencias tradicionales de este deporte como Francia, Bélgica e Italia han logrado tantos podios (11) en las Grandes Vueltas de tres semanas como Colombia estos últimos cinco años. Y si bien Quintana tiene el palmarés más destacado, Esteban Chaves y Miguel Ángel López también han subido al podio en las Grandes Vueltas durante las últimas tres temporadas.

De seis colombianos en el Tour, Urán y Quintana, de 28 años, son los líderes de sus respectivos equipos, EF Education First y Movistar. Y aunque el típico ciclista colombiano suele ser como Quintana, un escalador nervudo de 1,68 m. de altura, uno de los jóvenes ciclistas más talentosos que ha surgido en los últimos dos años es Gaviria, un velocista de 1,80 m. de altura que encara su primer Tour con la esperanza de igualar su debut en el Giro del año pasado, donde ganó cuatro etapas. Por ahora tuvo un inicio inmejorable en Francia, al superar al campeón mundial Peter Sagan y al alemán Marcel Kittel en la primera etapa.

Detrás de ellos hay una cantera de talento joven. El más prominente es Bernal, un fenomenal ciclista de 21 años con seis triunfos en lo que va del año, incluyendo el reciente Tour de California. Bernal nunca ha competido en una de las Grandes Vueltas, pero su destreza como escalador resultó irresistible para Team Sky, por lo que corre en apoyo de Froome. Urán tiene su propio talento emergente en Daniel Martínez, de 22 años, quien terminó tercero en el Tour de California y corre el Tour de France por primera vez.

Bernal y Martínez son el participante más joven y el tercero más joven de la carrera, respectivamente, y buenos candidatos a la camiseta blanca otorgada al mejor ciclista joven del Tour. "Dani necesita experiencia en las tres semanas [de la carrera]", dijo Urán. "Pero lo más importante es ser un buen ciclista, y Dani es un buen ciclista. Sólo es cuestión de tiempo".

Además, representan el nutrido pozo de talento procedente de Colombia en este momento, que de sostenerse en el tiempo podría impulsar a Colombia de su posición como el país más exitoso del hemisferio occidental, al más exitoso del mundo en el ciclismo.

Colombia no tiene una población (49,5 millones de habitantes) o una superficie particularmente grande o pequeña. Y antes de 1980 no tenía mucho pedigrí en el ciclismo internacional. Pero actualmente se encuentra sexto en el ranking internacional, detrás de Gran Bretaña y las cuatro potencias tradicionales del ciclismo: Italia, Bélgica, Francia y los Países Bajos.

En el WorldTour tiene la misma cantidad de ciclistas (17) que Estados Unidos (que tiene 300 millones de habitantes), pero EE.UU., que también supo ser un país emergente en este deporte, ahora se encuentra 20º en el ranking de la UCI, no gana una etapa del Tour desde 2011, y no tiene un candidato sólido ni una promesa para el futuro inmediato.

¿Por qué Colombia tiene tanto éxito?

Hay que empezar con la geografía. Los colombianos crecen pedaleando en terrenos escarpados, y como sus mejores ciclistas suelen ser pequeños y ligeros, esto les da una ventaja teórica en las montañas contra los ciclistas europeos más grandes. La cordillera andina tiene algunas de las subidas más largas y duras del mundo, como el famoso Alto de Letras, una subida de más de 3000 metros a lo largo de 84 kilómetros. "El ciclismo toma estas pendientes horribles y las convierte en monumentos del ciclismo", explica Matt Rendell, autor del único libro en inglés sobre la historia del ciclismo colombiano, "Kings of the Mountains", que próximamente tendrá una secuela.

La geografía también es un factor en su singular fisiología. En gran medida, el ciclismo depende de la capacidad de la sangre de transportar oxígeno. Más glóbulos rojos equivalen a más oxígeno, lo que conduce a un aumento de la energía en los músculos y más velocidad de pedaleo. Vivir en altura obliga al cuerpo a producir más glóbulos rojos para compensar la disminución de oxígeno.

Martínez vive en las afueras de Bogotá, a casi 2600 metros sobre el nivel del mar. "Esa es una gran ventaja para nosotros", dice Martínez. Chaves también es de Bogotá. La ciudad donde vive Urán, Urrao, se encuentra a 1830 metros sobre el nivel del mar, y La Concepción, donde creció Quintana, está a más de 2740 metros en el departamento de Boyacá. Pero no es tan sencillo como moverse en algún lugar alto.

"No puedes llevar a un escalador cualquiera de Italia a Colombia, y listo", dice Jonathan Vaughters, director del equipo de Urán, EF Education First. Los colombianos son nativos de la altitud, están genéticamente adaptados para entornos de bajo oxígeno, dice Vaughters, "de modo que cuando vuelven a casa su recuento de glóbulos rojos en sangre aumenta, mientras que otra persona podría sentirse afectada por la altitud".

Por último, Colombia tiene una rica cultura en el ciclismo local. La carrera por etapas más antigua fuera de Europa es la Vuelta a Colombia, que data de 1951. Y los primeros ciclistas de Colombia son héroes nacionales. Luis "Lucho" Herrera se convirtió en el primer ganador colombiano de una etapa del Tour en 1984, y Klaus Bellon, un escritor de ciclismo que creció en Bogotá, recuerda el éxtasis que generó su conquista. Los comentaristas de radio "no sólo lloraban, sino que se quedaban sin aliento, como los niños", comenta. "Es fácil tacharlo de arrogancia patriótica, pero vivimos y morimos por el ciclismo".

Para fines de la década de 1980, Colombia tenía dos equipos, Café de Colombia y Postobón, y estaba ganando las carreras más importantes de Europa. Cuando Fabio Parra terminó tercero en el Tour de 1988, Colombia parecía estar a punto de ganarlo. Y luego, con asombrosa rapidez, el programa de ciclismo del país se derrumbó, y sus dos equipos cerraron en la década de 1990.

¿Cómo es que el ciclismo colombiano quedó atrás tan rápidamente? Rendell y Bellon apuntan a varios culpables en las décadas de los ochenta y noventa, como el colapso del acuerdo internacional del café en 1989, que destruyó los precios, dio lugar a violentos carteles, inestabilidad política y el éxito de Colombia en otro deporte.

En 1990, Colombia clasificó para su primera Copa del Mundo de fútbol desde 1962. “Cuando era un niño, [1962] era historia antigua”, comenta Bellon. “Por lo que cuando clasificaron, fue la noticia más importante del país. De repente, todos enloquecieron por el fútbol. Instantáneamente, las compañías que patrocinaban el ciclismo aprovecharon la oportunidad y se cambiaron al negocio del fútbol”.

Quedó muy poco para el ciclismo internacional. Pero si los colombianos se retiraban de la escena internacional, el deporte doméstico iba a poder sobrevivir. La Vuelta a Colombia y su carrera rival, el Clásico RCN, continuaron siendo eventos muy importantes a nivel nacional. En la carrera por etapas de febrero, Colombia Oro y Paz, los fanáticos se amontonaban al borde de las carreteras para ver a los ciclistas. “Grupos de oficiales de policía creaban barreras humanas para que Rigo pudiera pasar de la línea de llegada hasta el autobús del equipo”, cuenta Alex Howes, un compañero estadounidense de Urán. Y paraban en casi todos los pueblos de la zona Andina como Boyaca, Cundinamarca, y Antioquia, el corazón del ciclismo en Colombia, donde se encontraban los clubes locales de ciclismo en donde los jóvenes aprenden esta disciplina.

Urán y Quintana tienen apenas tres años de diferencia, pero vienen de diferentes generaciones del ciclismo colombiano. Quintana representa el camino moderno. Criado en una pequeña zona rural cerca de Tunja, recibió su primera bicicleta a los 15 años para ir al colegio (nueve millas y luego un ascenso a pie de 1,000 pies desde su casa) y comenzó a correr para pequeños equipos locales. En 2009, en ese comento con 19 años, firmó con Boyaca es Para Vivirla, equipo patrocinado por el gobierno regional. Su éxito allí lo dejó en el equipo de desarrollo más importante de Colombia, en ese momento llamado Colombia es Pasión. Allí, Quintana, que es una persona tímida y tranquila, llamó la atención al ganar el Tour de l’Avenir de 2010, el Tour de France para los ciclistas más jóvenes. Siguió el contrato del WorldTour con Movistar.

Urán, con el contrario, creció rápidamente en una de las eras más problemáticas de Colombia. En 2001, su padre, También llamado Rigoberto, fue asesinado por paramilitares mientras andaba en bicicleta. Con 14 años, el joven Rigo pasó a ser el hombre de la casa y se hizo cargo del trabajo de su padre vendiendo billetes de lotería, mientras que siguió entrenando. Para ganar más dinero, se convirtió en profesional a los 16 años con un equipo local. Era tan joven que su madre tuvo que firmar su contrato. A los 19 años, la misma edad a la que Quintana firmó su contrato profesional doméstico, Urán ya estaba en Europa, corriendo para la segunda división en el equipo italiano, Tenax.

“Te sientes solo y no tienes muchos amigos”, dice Urán acerca de lo aislado que se sintió cuando llegó a Italia. Todo con respecto a la cultura es diferente, “sobre todo, la organización de las carreras”. Urán tuvo la suerte de conocer a una familia en Brescia que lo adoptó después de que se accidentó en una carrera, y él siempre habla de su ayuda para recuperarse y adaptarse. Creo que ser tan joven lo ayudó en ese momento. “Fue posible adaptarme a su cultura”, comenta.

Todos esos años lejos de casa ayudaron a Urán a prepararse para el rol que ocupa hoy en día. “Nunca he visto un líder como Urán”, dice Vaughters, quien elogia la inteligencia emocional de Urán. “Lidera con el ejemplo, aparece y quiere que todos sigan el plan. Trata con amabilidad a todos. Todos terminan queriendo trabajar con él. Sabe cómo liderar desde el amor, en oposición a una persona autoritaria”. Y también es bromista.

Howes, el ciclista que más tiempo hace que está en el equipo, recuerda que, en la Carrera de Oro y Paz, Urán convenció a un soigneur (miembros del equipo que se encargan de cuestiones vitales de todo el equipo) que tenía que estar presente en todos los eventos de patrocinadores y sociales – no es tipo de cosas que por lo general hacen los soigneurs. El soigneur “odia ser el centro de atención”, comenta Howes, “pero Rigo lo convenció de que ESPN Colombia quería hacerle una entrevista y lo estaban apabullando al muchacho con todas estas preguntas sobre el doping, y él comienza a sudar”. Urán lo miró hasta que no pudo aguantar más y le confesó la broma para el alivio instantáneo del soigneur. “Cosas como esas suceden en todas las carreras”, dice Howes. “Rigo es una persona muy divertida”.

En este momento, Colombia está caliente. “Bernal podría haber ido con cualquier equipo en el WorldTour”, dice Vaughters, quien agrega que espera que tener que pelear para poder conservar a Martínez cuando termine su contrato después de la próxima temporada. Los equipos y los agentes ahora están por todo el país en busca de talento; Vaughters no dirá cuáles son los ciclistas a los que está siguiendo de cerca. “Hay muchos pequeños ‘Bernales’ a punto de surgir”, comenta, “pero tan pronto como un muchacho es visto como un prospecto, todos los equipos se abalanzan”.

Urán agrega: “Es una cuestión de intervalos. Hubo un momento en el que Italia ganaba todo, después paso a ser España, así es el ciclismo. Hay más inversión en el deporte [en Colombia], lo que quiere decir que hay más atletas de calidad en desarrollo”.

Pero el éxito continuado de Colombia se encuentra lejos de estar asegurado. El apoyo del gobierno es esencial para el desarrollo de los equipos regional y, Rendell señala, hasta hace poco eso ha dependido de la voluntad del político de turno. Los profesionales como Urán y Quintana tratan de compensar esa falta con patrocinadores personales o dinero de fundaciones, sobre todo de los clubes locales, pero no pueden solventar a todos los equipos. Y son pocos los que creen que la federación colombiana cuenta con los recursos o -- más importante aún – la voluntad para dar batalla al persistente problema del doping que terminó con ocho ciclistas dando positivo en la última Vuelta a Colombia. Si los equipos profesionales no se sienten confiados con la performance de los colombianos, serán más reacios al momento de contratarlos.

Pero por el momento, Colombia está en medio de una racha exitosa como nunca antes en su historia. La pregunta es si – y cuando – un colombiano será capaz de ganar la carrera más importante del mundo.

El recorrido de este año presenta algunos desafíos muy peculiares, como las carreteras de empedrado en la Etapa 9 en el clásico de Paris-Roubaix. Los caminos de adoquines, angostos y muy irregular tienen unos 300 años y son peligrosos ya que en ellos siempre suceden accidentes. Ya se han usado este tipo de caminos en carreras anteriores, más recientemente en la de 2014. Pero el Tour nunca había incluido tantas (casi 22 kilómetros). Y lo cierto es que Quintana y Urán no tienen demasiada experiencia en ellas en una situación de carrera. Además, sólo hay cuatro finales en las cimas de las montañas que favorecen a los colombianos especialistas en ascensos.

En los papeles, la ruta no favorece a ninguno de esos hombres, aunque Quintana entrará como uno de los favoritos. A pesar del pedigrí de Urán, y una victoria en una etapa y un segundo puesto general en su única carrera de preparación en junio, la mayoría de las casas de apuesta de Europa no los tiene ni siquiera dentro de su lista de los mejores 10 candidatos.

No es algo que le moleste. “Es más importante que [la prensa] te considere el favorito cuando falta tan poco tiempo”, dice, “no un mes y medio antes”.

Puede que Urán esté en su mejor momento para intentar ir por la victoria: en excelente estado físico y en un equipo que cree en él y que invertirá todos sus recursos para darle el apoyo necesario a lo largo de toda la competencia. Aunque dice que todavía tiene camino por recorrer en las próximas temporadas, Urán no quiere esperar. Podríamos decir que Quintana tiene el equipo más fuerte de la carrera, y también está en muy buenas condiciones físicas. Para ambos ciclistas, y para Colombia, ha llegado el momento de ganar un Tour.