Mientras el tiempo se acorta de manera dramática para el inicio del Preolímpico de la Concacaf, el cuerpo técnico mexicano trata de enviar un mensaje claro al grupo de futbolistas: Nada de confianza, nada de posturas elevadas, nada de prepotencia. Después de todo, México intenta clasificarse por primera vez en los últimos 12 años a unos Juegos Olímpicos jugando como equipo visitante.

Tri Sub-23
MexsportEl Tri Sub-23 se presenta el viernes ante TyT

LOS ÁNGELES -- Cada día que pasa me convenzo más de la idea de que la competencia, la presión y hasta los problemas que México suele tener en su área futbolística los encuentra en su mente, los genera y los desarrolla su mente y nadie más. Todo está en la cabeza: del futbolista, de los entrenadores, del directivo, del periodista y hasta de los propios aficionados.

A tan solo unas cuantas horas de que se marque el inicio de la eliminatoria preolímpica de la Concacaf que reparte dos boletos para los Juegos Olímpicos de Londres, los "viejos fantasmas" de Carson merodean a la selección de Luis Fernando Tena, a tal grado que tanto lunes como martes, José Manuel El Chepo de la Torre apareció corriendo, gritando y girando instrucciones en la práctica del equipo.

México no quiere dar la idea de que existe cierta presión en al ambiente por lograr el pasaje a Londres, pero es indudable que el recuerdo de hace 4 años, el fracaso estrepitoso de la selección de Hugo Sánchez, se ha transformado en el punto de partida de este equipo.

Un periodista le preguntaba a Diego Reyes, del América, si quedar eliminado del preolímpico significaba un fracaso, a lo cual, el jugador respondió que no, que también está la experiencia que se adquiere en ésta clase de eventos. Una situación similar habría ocurrido con el propio Tena, quien no adoptó el carácter de favorito que México, evidentemente, tiene en el torneo.

El futbol mexicano arriba a este Preolímpico con algunos blasones que confirman su etiqueta de un candidato irrefutable para estar en Londres: campeones mundiales sub-17, tercer lugar en el Mundial sub-20 y medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Guadalajara. Todos los jugadores de este equipo son ya titulares indiscutibles con sus equipos de primera división en el futbol mexicano.

El Chepo ha sido el primero en entender que había que realizar ciertos cambios con respecto a las últimas dos ocasiones en que México buscó un boleto olímpico en territorio de los Estados Unidos (los fracasos de Hersheys, Pensylvania en 2000 y el de Carson, California, en el 2008). Y el cambio más importante radica en la mentalidad: buscar que los jugadores no lleguen confiados en ganar por el simple hecho de ser México y que supongan que tienen una superioridad ganada con base en su historia, a su poder económico, a su liga, o a su industria futbolística. El cuerpo técnico también ha tenido una postura distinta: a diferencia del de Hugo Sánchez de hace cuatro años, éste se preocupó, se interesó, investigó y puso énfasis en que una actitud humilde, de bajo perfil que es mucho más conveniente que aquella donde México se sentía el todopoderoso del área mucho antes de jugar los partidos.

Sigo pensando que México tiene todo para alcanzar el éxito en Carson. Que el futbol mexicano es superior al de sus rivales de área y que si los "fantasmas" no vuelven a atrapar la mente de los futbolistas mexicanos, no habrá problema alguno para dominar el grupo y para viajar a Kansas por el boleto olímpico.

No se trata de Honduras, de Panamá, de El Salvador... Se trata como siempre de la mente, de su poder, de su debilidad, de sus angustias, de sus miedos. Ahí si vive la verdadera odisea Concacafquiana para México.