¡Jamás subestimes a Trevor Ariza!

En agosto de 2010, cuando los Hornets se hicieron con los servicios de Trevor Ariza, convirtiéndose así en su quinto equipo en siete campañas en la NBA, Mike Malone, entonces asistente en Nueva Orleans, llamó a Ariza para decirle lo emocionado que se encontraba al poder retomar el contacto con él. Malone fue asistente de los Knicks cuando el equipo tomó a Ariza en el draft de 2004, relación que terminó 18 meses después luego que el entrenador de los Knicks Larry Brown denominara a Ariza como “delirante”.

Malone había pasado gran parte del verano previo a la temporada de novato de Ariza dentro del gimnasio de la secundaria Westchester de Los Ángeles, donde Ariza era una leyenda local, mostrándole a un desgarbado adolescente aún con destrezas en bruto, los elementos básicos del baloncesto de la NBA: deslizamientos defensivos, jugadas con manejo de balón, mantener su paso. Sin embargo, no estaba interesado en la nostalgia durante la llamada telefónica. Estaba molesto.

“Entrenador, ¿cómo es posible que me sigan cambiando?”, preguntó Ariza. “¿Qué estoy haciendo mal?”

Ariza se encontraba en medio de un periodo de introspección y descubrimiento que definiría el resto de su carrera. Ganó un anillo con los Lakers en 2009, surgiendo como una estrella confiable en el puesto 3 y la defensiva dentro del triángulo ofensivo de Phil Jackson, sistema de pase y cortes que iba bien con la filosofía de Ariza sobre jugar al baloncesto y una que ahora es (irónicamente) muy distinta al sistema actual de Houston, ampliamente dependiente de los aislamientos. Ariza es un purista del baloncesto que asimila cualquier aspiración de ver movimientos de balón al estilo de los Warriors por el bien común.

“Creo que así se podría decir”, indica Ariza a ESPN.com con respecto a su etiqueta de purista. “Pero me considero un jugador que se puede ajustar a todo, un camaleón. No todos los jugadores se asimilan dentro de todos los sistemas, por ello, hay que hacer ajustes. Creo que esa es la parte difícil y la más divertida”.

Arriza llegó a Los Ángeles tras convertir ocho triples en total en más de tres temporadas, porque sus entrenadores en la NBA no querían que él lo intentase. Estaba obligado a evolucionar y para fortuna de todos, Ariza era aquél peculiar miembro de los Lakers que se sentía afín a la adicción por el trabajo de Kobe Bryant.

“Éramos inseparables”, comentó Bryant a ESPN.com. “Si veías a Trevor, me veías a mí. No necesitaba que yo le mostrara cómo trabajar. Ya él tenía consigo esa ambición”.

Ariza, en un momento que cobró fama, logró hacer varios robos en momentos “clutch” durante las finales de conferencia que fueron más parejas de lo que muchos recuerdan, en las cuales los Lakers se impusieron sobre los Nuggets, con un 48 por ciento de encestes desde lo profundo en esa carrera por el título en 2009. Los Lakers lo dejaron ir para así apostar por Ron Artest. Houston, antiguo equipo de Artest, firmó a Ariza con un lucrativo contrato por cinco años y $34 millones.

Ese cambio y el contrato llevaron a la carrera de Ariza al desorden total. Trató de compensar el dinero ganado y de salir de la sombra de Bryant, intentando encestar con saltos inmediatamente tras los rebotes y fallando la mayoría de ellos jugando con los Rockets y los Hornets de la era post-Chris Paul. Nueva Orleans, en una medida de reducción de nómina, lo despachó a Washington, donde se reconcilió con su destino como stopper defensivo capaz de conseguir triples desde las esquinas tras los pases cortesía de John Wall, con las cifras más altas de la NBA.

“Recuerdo haberle dicho: ‘Trevor, no necesitas crear nada nuevo’”, dice Randy Wittman, quien fuera entrenador de los Wizards en aquél entonces. Los Rockets veían los toros desde la barrera y James Harden le expresó a la gerencia de su equipo su deseo de que éstos contratasen a Ariza como agente libre en 2014. “Aún me siento molesto por haberle dejado ir”, dice Wittman.

Un lustro después, Ariza ha dominado un rol del cual nunca se sintió seguro si lo deseaba, siendo la tuerca sobreestimada en la máquina de anotar y cambiar defensivamente de Houston. Casi todos los miembros de los Rockets han recibido mayor publicidad: Mike D’Antoni, por haber reinventado su ofensiva; Jeff Bzdelik, asistente principal de D’Antini, por haber creado la defensiva de Houston; las súper estrellas; el pívot en ascenso; Gerald Green, rescatado del purgatorio de la NBA; los nuevos stoppers, P.J. Tucker y Luc Mbah a Moute. El último se robó la atención primero como la gran ganga de la agencia libre y ahora como víctima de una inoportuna lesión que le ha privado la capacidad de hacer bandejas.

¿Y Ariza? Apenas suma poco más de 40 minutos, convierte suficientes triples como para no preocuparse por su habilidad de crear espacios y es capaz de defender en cualquier posición. Pocas veces se ausenta de los partidos o prácticas. Cuando los Wizards trataron de darle un reposo a finales de la temporada 2013-14, con su sembrado de playoffs prácticamente asegurado, Ariza se negó, de acuerdo con Wittman. Quiere participar de todas las rutinas de prácticas.

“Tuve el lujo de entrenar (a Kevin Garnett) y KG me insultaba si le decía que descansara en medio de las prácticas”, dice Wittman, quien pasó 13 temporadas como miembro del staff de Minnesota. “Trevor no era así del todo, pero me hacía saber que él no quería sentarse”.

La persistencia discreta no genera mucha publicidad. En medio del fracaso de Golden State tras no poder pedir un tiempo fuera en los caóticos segundos finales del Juego 4 celebrado el martes pasado: Ariza envolviendo a Klay Thompson.

“Es el hombre olvidado”.

Miren cómo Ariza marca a tres Warriors diferentes en un espacio de tres segundos, finalmente asfixiando un triple potencial de Stephen Curry:

Si le dan los minutos jugados por Ariza a un ala 15 por ciento peor que él como anotador o defensor, gran parte del sistema de Houston (los cambios defensivos y los encestadores plantados entre Harden y Paul) colapsará.

“No hay forma de lograr lo que hacemos sin él”, expresa Irv Roland, asistente de los Rockets.

Ariza es una presencia importante, madura y tranquilizadora dentro de cada vestuario. Nadie entró en pánico luego que los Warriors arrollasen a Houston en el Juego 3. Ariza formó parte de un grupo que asistió a una gran cena en la Bahía de San Francisco, después de la cual algunos de ellos (sin Ariza) se retiraron a la habitación de hotel de Harden para jugar a las cartas y conversar sobre baloncesto. (D’Antoni reitera a su equipo que no deben pensar mucho en lo que haya ocurrido, bueno o malo, en el juego anterior. Hay que pensar: “Ahora, ¿qué? ¿Qué viene después?”)

Ariza usualmente es el primer jugador en llegar a los partidos en casa. Calienta desde temprano y se sienta en su vestuario, viendo videos de los rivales de Houston en una pantalla gigante.

A medida que llegan los jugadores, Ariza posiblemente los detenga a fin de discutir una jugada en la pantalla: ¿Cómo deberíamos marcar? “Él mantiene a la gente concentrada”, dice Bzdelik. “Cuando tienes una cultura dirigida por los jugadores de esa forma, tu equipo tiene oportunidades. Trevor aporta eso”.

Siempre lo ha hecho. Especialmente fue así en Washington, en medio de un vestuario a veces dividido gracias a una evidente brecha generacional. Durante una práctica de pretemporada en Brasil en 2013, Nené Hilario, jugador fuerte y sumamente quisquilloso, se desvió de la defensiva pick-and-roll de Washington. Alguien se quejó. Nené objetó. Fue uno de esos momentos, tal y como lo recuerdan Wittman y otras fuentes ligadas a Washington, que podría destruir la cultura de un equipo. “¿Por qué necesito hacerlo así?”, preguntó Nené, de acuerdo con la memoria de Wittman.

Ariza había visto suficiente. “Sólo ve y hazlo, cara—“, ladró Ariza, casi nariz con nariz frente al brasileño, según recuerda Wittman. (Ariza y Nené, ahora juntos en Houston, pusieron reparos en recordar el incidente tras las preguntas de ESPN sobre el mismo, hechas esta semana. No debe sorprender: Ariza aún no ha confirmado el mítin de jugadores que, de acuerdo con varios informes fuera convocado por él en la temporada 2013-14).

“No había mucha gente dispuesta a meterse con Nené”, dice Wittman. “Podía hacerte daño. Y aquí está Trevor, con 175 libras de peso, empapado de sudor. Fue un momento que despertó a muchos”.

Según personas cercanas a él, Ariza es una vieja alma del baloncesto. Tiene una visión relativa a cómo debe funcionar la dinámica dentro de un equipo y dicha visión incluye lo que se pide hacer en práctica. Washington terminó sumando 44 triunfos y desmanteló a Chicago en la primera ronda antes de caer eliminados por Indiana. Sería tonto sugerir que esa disputa (y la forma en la cual Ariza la resolvió) condujo al éxito en Washington. Pero sí es cierto que todos la recuerdan como un momento fundamental que ayudó a calmar las aguas del vestidor. “Fue un gran momento para nosotros”, afirma Wittman.

Ariza no habla mucho en frente de todo el grupo. Prefiere liderar con su ejemplo. En Washington, pidió que los Wizards tuvieran un gimnasio reservado en cualquier ciudad a dónde llegaran para así poder entrenar de inmediato. Eventualmente, Bradley Beal comenzó a ir con él. “Nunca me dijo: ‘Harás esto conmigo’”, recuerda Wittman. “Sólo lo hizo. Y quizás, Brad lo vio y dijo ‘Oh, diablos, ¿este hombre hace esto cuando aterrizamos a las 8 p.m.? Quizás debería comenzar a hacerlo’. Contar con alguien así en tu equipo, es invalorable”.

Las palabras de Ariza influyen dentro del vestuario. Tiene cuidado en usar los tiempos y tonos apropiados y sabe bien como ayudar a que un equipo se sienta bien nuevamente. Tras una derrota en Washington, Wittman llegó al vestidor furioso tras la incapacidad mostrada (especialmente por Wall) de manejar un sistema de movimientos similar al de los Spurs llamado “Thru” por el equipo. Los regañó fuertemente. Ariza levantó su mano, según recuerdan fuentes ligadas al equipo. Sugirió que quizás Wittman estaba reaccionando de forma excesiva y que era la pobre defensiva mostrada por el equipo, en vez de la ejecución de una jugada por parte de Wall, la que les había costado la victoria.

Wittman se calmó y le dijo al equipo que Ariza tenía razón. “Tiene una forma de ver las cosas en perspectiva, incluso después de una derrota”, dice Wittman. “Era el único por quien nunca tenía que preocuparme, mantenimiento cero”. (Esta es una característica de Ariza mencionada a menudo por sus entrenadores previos y actuales)

Existe una injusticia inherente a nuestras obsesiones con las súper estrellas, incluso si dicha obsesión es comprensible. Las súper estrellas son las que impulsan los resultados. Es interesante y significativo poder discutir lo que representará los resultados de las actuales series y de la temporada en general, para los legados de Paul, Harden, Curry, Kevin Durant y LeBron James. Sin embargo, omitimos considerar una parte importante de la liga si ignoramos a hombres de la talla de Ariza. Diariamente, hacen que la NBA siga girando, casi tanto o más que sus súper estrellas. Ellos son los que crean el cuerpo y alma de un equipo.

Ariza es el único miembro de los Rockets que juega con un anillo de campeón en su dedo y todos dentro del equipo dicen que su forma intrépida de jugar ayuda a crear el tono colectivo de juego. Los entrenadores de Houston siguen hablando con respecto a la jornada en la cual Ariza anotó 11 tantos en los tres primeros minutos del Juego 4 de la primera ronda de playoffs ante Minnesota, cuando un triunfo de los Timberwolves habría empatado la serie y despertado, en consecuencia, un debate interminable sobre el hecho si Paul y Harden estaban listos para manejar la presión de la postemporada. Ariza asumió el mando.

“Trevor es rudo”, dice Bryant. “No muestra temor en lo absoluto. No se va a dejar presionar y no le pueden intimidar”.

Incluso, puede crear jugadas cuando las defensas rivales obligan a llevar el balón a manos de los actores de reparto de Houston. Cuando los Warriors imponen marcación doble sobre Harden en vez de hacer que Curry hiciera cambios defensivos sobre él, Ariza ha hecho suficiente a fin de castigarles:

El balón nunca se queda con Ariza. Hace toques con pases inteligentes cerca del perímetro. Cuando ve que un contrario corre a cercarle, Ariza vuela frente a él y hace el próximo pase:

Ariza sumó seis asistencias en la victoria de Houston en el segundo encuentro. Paul y Harden siempre dominarán el balón. Sin embargo, los Rockets alcanzan un nivel diferente cuando sus otros jugadores participan un poco más. Eso se acerca a la visión de Ariza sobre la forma ideal de jugar al baloncesto.

Existe una gran ironía en ver a Ariza prosperar en este equipo en Houston. Los Rockets no son precisamente el arquetipo del baloncesto equitativo. Hace mucho tiempo que Ariza lo aceptó. Cuando Houston confía demasiado en el aislamiento (y pasan periodos completos en los cuales el resto de sus jugadores no hacen mucho más que estar parados en puestos ofensivos) podría expresar cierto descontento a las partes involucradas, según indican fuentes ligadas al equipo.

“Está acostumbrado a tener un propósito en la cancha”, dice Bryant. “Puedo entender por qué el estar parado podría ser algo difícil para él”.

Ariza considera a los defensores lentos, o aquellos que casi no juegan a la defensiva, prácticamente ofensivos. (Tenía particular desagrado por el juego de Kevin Martin, según recuerdan fuentes ligadas a Houston). Debió aceptarlo dentro del esquema de varias jugadas clásicas del Moreyball.

Ariza incluso debió acostumbrarse a la idea de los cambios defensivos, indican Bzdelik y otras fuentes. Para muchos veteranos canosos, los cambios defensivos implican una rendición, casi que el antónimo del esfuerzo. Bzdelik le explicó a Ariza cómo Houston utilizaría a los cambios defensivos como arma, y cómo sus destrezas naturales (habilidades físicas y robo del balón) encajarían dentro de ellos. “Su mentalidad chapada a la antigua, de hecho, encaja bien dentro de los cambios defensivos”, afirma Bzdelik. (Ariza es óptimo a la hora de saltar entre senderos de pases, tanto que Wittman aplicó una serie de reglas distintas para él a la defensiva, las cuales se desviaban de lo instruido al resto de los Wizards).

Así es Trevor Ariza; una mezcla de la vieja y nueva escuela que ha encajado perfectamente con los Rockets y así será en la próxima temporada, independientemente del equipo que lo contrate tras hacerse agente libre.

“Tengo mucho respeto por lo que Trevor ha hecho”, dice Malone. “Estos muchachos quizás nunca sean protagonistas. No obstante, si se mira su carrera desde esos primeros días en Nueva York, entenderás que ha ayudado a muchos equipos”.

Ramona Shelburne colaboró con la presente nota.